Lululemon Athletica ha endurecido públicamente su enfrentamiento con su fundador, Chip Wilson, en vísperas de la junta anual de accionistas, prevista para el próximo 25 de junio. En una extensa carta dirigida a los inversores, el consejo de administración acusa al empresario canadiense de intentar recuperar influencia dentro de la compañía mediante una estrategia basada en “agravios personales”, “perspectivas anticuadas” y potenciales conflictos de interés.
La respuesta del grupo supone la primera gran ofensiva pública de la compañía frente a Wilson desde que se intensificó la disputa por el control de la empresa a finales de 2025. La tensión aumentó después de que fracasaran las negociaciones entre ambas partes para alcanzar un acuerdo sobre la composición del consejo.
En el centro del conflicto se encuentra la pugna por los puestos del consejo de administración. Wilson, que continúa siendo uno de los principales accionistas de la compañía, ha promovido tres candidatos alternativos —Marc Maurer, Laura Gentile y Eric Hirshberg— con el objetivo, según explicó meses atrás, de “devolver el prestigio” a la marca. La dirección de Lululemon rechaza frontalmente estas candidaturas y pide a los accionistas que respalden a los tres candidatos oficiales de la empresa: Chip Bergh, Esi Eggleston Bracey y Teri List.
La compañía sostiene que los aspirantes promovidos por Wilson carecen de experiencia suficiente en retail, gobernanza corporativa y gestión de empresas cotizadas. Además, cuestiona especialmente la situación de Maurer, ex codirector ejecutivo de On, por sus vínculos financieros con empresas competidoras.
El consejo también carga contra las exigencias planteadas por Wilson durante las negociaciones privadas. Según la compañía, el fundador reclamó acceso periódico a información estratégica y de producto, participación directa en comités internos y capacidad para designar sustitutos de sus candidatos en caso de vacantes futuras. Para la dirección, estas demandas supondrían otorgar un nivel de influencia “inaceptable” a un accionista con intereses en compañías rivales.
La disputa se produce en un momento delicado para la empresa, tras un ejercicio marcado por la desaceleración del crecimiento en Norteamérica. Aunque la compañía cerró el ejercicio fiscal 2025 con ingresos de 11.100 millones de dólares y sin deuda, el crecimiento se moderó respecto a años anteriores, lo que llevó al consejo a iniciar una revisión estratégica y una renovación de la cúpula ejecutiva.
En ese contexto, Lululemon ha defendido con contundencia el nombramiento de Heidi O'Neill como nueva consejera delegada. La ejecutiva, procedente de Nike, asumirá el liderazgo del grupo tras un proceso de selección que, según la compañía, buscaba combinar experiencia en transformación corporativa, producto y expansión internacional.
La empresa destaca especialmente la trayectoria de O’Neill en el desarrollo del negocio femenino de Nike y en la aceleración de la estrategia digital de la multinacional estadounidense. El consejo considera que su perfil será clave para recuperar dinamismo en producto, reforzar el posicionamiento premium y consolidar el crecimiento internacional de la marca.
El enfrentamiento refleja además un choque de modelos sobre el futuro de la compañía. Mientras Wilson defiende un retorno a los orígenes y critica la evolución de la marca en los últimos años, el actual consejo apuesta por profundizar en la expansión global, el fortalecimiento del negocio masculino y el desarrollo de nuevas categorías deportivas más allá del yoga.
La votación de junio se perfila así como uno de los episodios de gobierno corporativo más relevantes del sector deportivo y athleisure en los últimos años, con implicaciones directas sobre el rumbo estratégico de una de las compañías más influyentes del mercado premium deportivo global

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