La compañía estadounidense Lycra, referente mundial en fibras elásticas para apparel y equipamiento deportivo, ha solicitado protección por bancarrota bajo el Capítulo 11 en Texas con el objetivo de reestructurar su balance y reducir una deuda que ronda los 1.200 millones de dólares. La operación se produce en un momento especialmente complejo para la industria textil global, afectada por la desaceleración del consumo y un entorno macroeconómico adverso.
El plan, previamente acordado con sus principales acreedores, contempla la inyección de 75 millones de dólares en nueva financiación y la eliminación de la mayor parte de los 1.530 millones de deuda existente. La compañía confía en completar el proceso en apenas 45 días, sin impacto operativo sobre clientes, proveedores o su plantilla, compuesta por unos 2.000 empleados.
Más allá de la reestructuración financiera, el movimiento refleja las tensiones estructurales que atraviesa el negocio de materiales textiles, especialmente en segmentos clave para el deporte y el lifestyle. La propia compañía reconoce una “confluencia” de factores adversos, entre ellos las secuelas de la pandemia, la volatilidad arancelaria, la inflación y el endurecimiento de la competencia global.
Desde la adquisición en 2019 por el grupo chino Shandong Ruyi, la evolución financiera de Lycra ha sido irregular. La compañía ha sufrido una demanda débil en la cadena de suministro, con fabricantes centrados en reducir inventarios y marcas adoptando estrategias de compra más conservadoras. Este contexto ha limitado la recuperación tras el Covid-19, especialmente en mercados occidentales clave.
A ello se suma el incremento de capacidad productiva por parte de competidores, especialmente en Asia, que ha tensionado los precios hasta niveles cercanos a costes en el segmento del spandex. Esta presión ha provocado una caída significativa en la utilización de las plantas de Lycra, del entorno del 80% en 2024 al 60% a finales de 2025, obligando a ajustar producción.
El deterioro de márgenes también responde al aumento de los costes energéticos y de materias primas, así como a la persistente volatilidad en las políticas comerciales, particularmente en Estados Unidos. Estos factores han impactado de forma directa en toda la cadena de valor, desde productores textiles hasta marcas deportivas, reforzando dinámicas de prudencia en pedidos y gestión de stock.
En paralelo, la compañía ha afrontado costes adicionales derivados de litigios en China, intentos fallidos de venta en 2025 y la cancelación de proyectos estratégicos, como su alianza para desarrollar spandex sostenible. Todo ello ha acelerado la necesidad de una reestructuración profunda.
El impacto financiero es evidente: el EBITDA ha pasado de 132 millones de dólares en 2024 a una previsión de apenas 44 millones en 2026. Una caída que ilustra tanto la debilidad coyuntural del mercado como los retos estructurales de un segmento clave para el textil técnico y deportivo.

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