Opinión: ¿De asequible a elitista?

Redacción - Tradesport01/09/2022
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Que hay que aprovechar las oportunidades, es obvio. Pero siempre hay que intentar hacerlo con cierta medida. Si no, si en vez de aprovechar una oportunidad nos dedicamos a exprimirla, todo lo que eran ventajas se convertirán en problemas. Y el sector, de quemar naves, sabe bastante.

Que el pádel es el deporte de moda nadie lo duda. Por muchas razones, pero sobre todo por lo fácil que resulta aprender a jugar y por su carácter eminentemente social, este deporte ha experimentado un espectacular crecimiento en practicantes durante la última década, especialmente en estos tres o cuatro últimos anos. Quien más quien menos ha jugado alguna vez con los amigos y, muchos de nosotros, nos hemos enganchado completamente a esta disciplina.

El repunte en practicantes ha venido acompañado, evidentemente, de un repunte de las ventas de material para su práctica. Y también por un auge espectacular de instalaciones. En palas, pelotas, textil y demás material, hay un cierto equilibrio entre práctica y ventas -a pesar de los problemas que en su día generó la pandemia- pero en el universo de las pistas, todavía estamos en esa fase siempre positiva en la que la demanda está por delante de la oferta.

Los instaladores no dan abasto y sus agendas están llenas a uno o dos años vista. Y aquí es donde algunos están estirando demasiado la cuerda. Hay mucha gente que quiere jugar… y todavía pocos sitios en los que hacerlo en hora punta. Sobre todo, en las grandes ciudades y alrededores. ¿Consecuencias? Los precios se han disparado de una forma exagerada. Si hace apenas un par de años uno podía jugar entre las 17 y las 22 -las horas punta- por 20 o 25 euros la hora, ahora los precios, en algunos clubes de Barcelona, Madrid, Bilbao y otras grandes ciudades, se disparan por encima de los 35 euros. ¿Sigue siendo asequible? Por supuesto. Eso apenas significa 10 o 12 euros la hora y media por jugador, pero el problema no es ese dinero, sino el salto que se ha dado en tan poco tiempo. Un salto que responde únicamente a esa alta demanda de la que hablábamos: hay mucha gente que quiere jugar, pocas pistas y, aunque los precios vayan subiendo, los clubes saben que las pistas van a terminar por reservarse. En hora punta, claro. Porque por la manana hay pistas a patadas y a precios de escándalo (por menos de 20 euros, incluso de 15, puedes jugar una hora y media).

Hay mucha gente que quiere jugar… y todavía pocos sitios en los que hacerlo en hora punta. Sobre todo, en las grandes ciudades y alrededores. ¿Consecuencias? Los precios se han disparado de una forma exagerada. Sigue siendo asequible, pero no hay que estirar demasiado la cuerda...

El tema de las instalaciones da para un análisis muy profundo. Aunque no contemos con datos concretos de los últimos 5-10 años, es evidente que el número de pistas se ha multiplicado exponencialmente. Y aunque a veces pueda parecer que este crecimiento ha sido exagerado, que la demanda siga tan por encima de la oferta nos da a entender que el margen para crecer, en número de pistas, es todavía muy amplio. Y buena prueba de ello es que cada día se abren nuevas instalaciones y que, en ciudades como Barcelona, Madrid, Valencia, Bilbao o Sevilla, encontrar una nave o un terreno para abrir un club es una autentica quimera. Las que había, ya están ocupadas por un club de pádel.

Detrás de este boom de las instalaciones hay muchos clubes ya existentes que, a más o menos velocidad, han ido apostando por el pádel. Algunos lo han hecho en detrimento del tenis y otros lo han hecho ampliando sus instalaciones. Al fin y al cabo, estos clubes con años de historia tienen que adaptarse sí o sí a la demanda. Y esa demanda, hoy en día, la genera el pádel. Pero más allá de estos clubes, por donde más está creciendo el pádel en cuanto a pistas es por los clubes nuevos. Clubes que son exclusivamente de pádel (por ahora, a falta de saber cómo aterriza el pickleball) y que, en la gran mayoría de casos tienen a pequeños inversores detrás. Al fin y al cabo, montar un club pequeño, de entre 4 y 8 pistas, no es nada complicado. Y menos ahora que los fabricantes de pistas te dan facilidades de financiación. Pero que sea fácil no quiere decir que sea ni barato ni rentable.

A priori puede parecer que, con una demanda tan alta y con prácticamente todas las pistas llenas en hora punta – en las grandes ciudades-, los clubes son una máquina de hacer dinero, pero las cosas no son lo que parecen. Aunque financiemos las pistas, su apertura ya implica una inversión muy alta, tanto en nave como en terreno, pero es que una vez abierto, y aunque se tengan unos buenos ingresos desde el día 1, los costes son muy altos, especialmente los del alquiler y el personal. Y sí, se puede gastar bastante dinero en esas horas punta de las que hablábamos -de 17 a 23 generalmente-, pero teniendo en cuenta que cuesta mucho llenar las pistas fuera de esas horas, la rentabilidad no es tan alta como muchos creen.

Y claro, con la demanda que hay, lo fácil es subir precios. Sobre todo, si lo hace todo el mundo. Ignoro cuál es el techo de ese precio por hora, pero creo que habría que empezar a vigilar que no siga creciendo a este ritmo. Si eres un jugador ocasional, pagar 12 o 14 euros por jugar es asumible, pero si eres un jugador habitual, jugar 3 o 4 veces a la semana a esos precios convierte el pádel en un deporte menos asequible. Casi elitista.

¿Exageramos? Puede que a corto plazo el precio por jugar no sea un freno, pero no sería la primera vez que el coste de la práctica -por no hablar de las competiciones- sea uno de los motivos que provocan el frenazo de un deporte con mucho potencial.

Por Raul Bernat, redactor jefe

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