• Actualidad Nacional
  • 13 de Oct, 2022

Opinión: Prácticamente inmunes

Opinión: Prácticamente inmunes
Desde bastante antes de verano -probablemente desde que al amigo Putin se le ocurrió invadir Ucrania- se nos viene advirtiendo de que vamos a pasar un final de año complicado. Un otoño durísimo, dicen. Las ínfulas de grandeza del nuevo zar han apuntillado un mundo que venía muy tocado por la pandemia, alejando cualquier atisbo de recuperación.
 
De la inflación y otros parámetros que están hundiendo la economía aquí y en medio mundo no puedo hablar mucho, por falta de conocimiento, sobre todo, pero lo que sí puedo decir, porque lo siento, porque está en el ambiente, es que el miedo ya lo tenemos metido todos en el cuerpo. Y desde hace meses. El verano ha sido un paréntesis, un carpe diem en toda regla. Que nos quiten lo bailado. Y hemos viajado, hemos salido a divertirnos y hemos vivido -y gastado- completamente ajenos a la que nos venia. A la que sabíamos que nos venía.  Y ha venido. Bueno, ya estaba, pero ahora ya no hacemos como que no la vemos. Y no nos sacudimos el miedo, más bien aprendemos a convivir con él. Resignados. Y eso es lo peor. 
 
Viene un otoño difícil. Y un invierno muy largo. Y con los precios disparados, sobre todo de la energía, y con una situación global tan marcada por la incertidumbre, es evidente que el ahorro se va a disparar. Quien puede ahorrar, claro. Se acabó el despilfarro de este verano en ocio y, como en cualquier crisis económica, la mayoría de los mortales, durante un tiempo, van a gastar en los estrictamente necesario. Los ricos, como siempre, van a pescar en rio revuelto y se van a hacer más ricos. En todas las crisis hay oportunidades, dicen. Y, cosas de la vida, casi siempre son los mismos quienes las aprovechan. 

El sector siempre ha sabido aprovechar muy bien las oportunidades que nos han brindado las crisis, las mejores dinamizadoras de la práctica. Y a más práctica, casi siempre, más ventas.
 
La última gran crisis que vivimos antes de la pandemia fue un auténtico drama para una larga lista de sectores. El consumo cayó en picado y se cebó con prácticamente todo aquel que vendía algo, desde el ocio hasta la automoción pasando, evidentemente, por la moda. Y los servicios. ¿Quién se salvó, en parte, de esta escabechina económica? Pues el deporte. Para variar, sin hacer ningún tipo de esfuerzo, el deporte consiguió esquivar con cierta destreza los reveses que nos daba la crisis. Es la historia de siempre: cuando la gente no puede o no quiere gastar, el ocio se concentra en el deporte. Es accesible y asequible. Y encima es saludable.
 
A estas alturas nadie puede sorprenderse si afirmamos, categóricamente, que las crisis, sean de la índole que sea, son un gran aliado para el deporte. Si son económicas, porque la gente apuesta por el deporte para divertirse y/o evadirse; y si son sanitarias, como la reciente pandemia, porque a parte de diversión y evasión, es salud. 
 
Que deportes como el bike, el pádel, el running o algunas modalidades vinculadas al outdoor hayan crecido como lo han hecho en estos últimos años no es casualidad. Ni ha sido por el esfuerzo que hayan podido hacer los principales protagonistas - marcas y tiendas- en estos segmentos. Al contrario, el sector siempre ha ido a tiro hecho. A aprovechar oportunidades en vez de generarlas. Pero eso poco importa, la cuestión es que hemos sabido aprovechar muy bien esas oportunidades que nos han brindado las crisis, las mejores dinamizadoras de la práctica. Y a más práctica, casi siempre, más ventas.

Puede que, a nivel global, el sector salga bastante airosamente de la crisis que nos viene, pero eso no significa que no vaya a haber daños colaterales. Porque las crisis, además de disparar la práctica, también acelerán la selección natural.
 
Por eso, si como sector miramos hacia atrás -y no muy lejos- ese miedo que parece haber calado ya en nuestros huesos, quizás no deba ser tan intenso. Porque sí, nos viene una crisis importante, pero lo más probable es que en esa crisis el deporte también se haga fuerte. Al menos en cuanto a la práctica se refiere. Evidentemente que las ventas se resentirán, y mucho, pero la práctica es una pata fundamental para nuestro sector, y todo lo que sea mantener o hacer crecer los índices, acabará teniendo una repercusión muy positiva tanto a corto como a medio y largo plazo. Y sí, claro que se venderán menos palas de pádel, menos bicis y menos zapatillas de running, pero la gente no dejará de hacer deporte. Al revés, salvo un cambio de tendencia poco probable, la práctica volverá a repuntar. Porque el deporte, en las crisis, es una vía de escape barata y muy efectiva. 
 
Dicho esto, y sin querer ser más alarmista de lo necesario, todo esto que acabamos de decir tiene que verse desde un punto de vista global. Estoy convencido de que el sector saldrá bastante airosamente de la crisis que nos viene, pero eso no significa que no vaya a haber daños colaterales. Porque las crisis, además de disparar la práctica, también son una suerte de selección natural. Y van a dejar en la cuneta a más de una tienda. Sobre todo de un perfil muy concreto. 

Lo técnico parece inmune a las crisis, pero la moda deportiva no. Y casi siempre está en lo alto de los ránkings de prescindibles en tiempos revueltos. Habrá que ver como gestionan marcas y tiendas el equilibro entre lo técnico y el sportwear porque mucho me temo que la clave de la supervivencia, más allá de la capacidad que cada uno tenga de adaptarse a las nuevas -y cambiantes- necesidades del consumidor, estará en esta gestión.  
 
Por Raul Bernat, redactor Jefe

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