• Opinión
  • 17 de Jun, 2021

Opinión: Es mejor prepararse que adaptarse, por Andrés de la Dehesa

Como dijo el famoso futurista Roy Amara: “Tendemos a sobrestimar el efecto de una tecnología a corto plazo y subestimar el efecto a largo plazo”. La verdad es que, por lo general, una tecnología tarda unos 30 años en pasar de un descubrimiento inicial a un impacto medible.

La realidad es que la “próxima gran disrupción” nunca resulta como la gente cree que sucederá. Que el hombre llegara a la luna, por ejemplo, no provocó que tuviéramos coches voladores, pero sí que se desarrollaron los satélites que nos facilitan cotidianamente muchísima información a todos y en todo el mundo, favorecen nuestros desplazamientos, nos guían hasta la tienda deseada, y nos permiten llamar a nuestros seres queridos desde donde sea.

Cuando te estás adaptando, por definición, ya estás atrasado. Por eso es importante crear una curva de aprendizaje desde el principio, antes de que una tecnología comience a afectar a nuestras empresas.

Las cosas que cambian el mundo siempre se inician fuera de contexto, por la sencilla razón de que el mundo aún no ha cambiado. Cuando aparece una nueva tecnología, realmente no sabemos cómo usarla. Se necesita tiempo para aprender a aprovechar sus ventajas y crear un impacto. Debemos defi nir y construir una curva de aprendizaje. Francamente, es mejor prepararse que adaptarse. Cuando te estás adaptando, por defi nición, ya estás atrasado. Por eso es importante crear una curva de aprendizaje desde el principio, antes de que una tecnología comience a afectar a nuestras empresas.

Hoy, a medida que nos acercamos al fi nal de la era digital y entramos en una nueva era de innovación (Inteligencia Artifi cial o machine learning), es extraordinariamente importante tener en cuenta el punto de vista de Roy Amara. Las nuevas tecnologías, como la computación cuántica, la cadena de bloques blockchain, y la edición de genes, están sobrevaloradas, pero realmente cambiarán el mundo, eventualmente. Por lo tanto, debemos hacer más que adaptarnos, debemos prepararnos para un futuro que aún no podemos ver.

La verdad es que la innovación nunca se trata realmente de ideas, se trata de resolver problemas. Cuando una tecnología aún es incipiente, no gana tracción en un mercado grande y establecido, que por defi nición ya está bastante bien servido, pero en un caso de uso urgente, por ejemplo pandémico, un problema que mundialmente necesitamos resolver, en meses se consiguen vacunas.

En las primeras etapas de una tecnología, no intentemos imaginar cómo encajará una versión perfeccionada; busquemos un problema que alguien necesite resolver con tanta urgencia en este momento, que esté dispuesto a soportar algunos inconvenientes. Quién nos iba a decir que las videoconferencias, por ejemplo, serían una rutina diaria antes del Covid. Algunos estaban preparados, otros han tenido que adaptarse.

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