• Opinión
  • 06 de May, 2021

Opinión: En clave femenina, por Jaume Ferrer

A pesar de los miles de problemas que está acarreando la terrible pandemia que estamos atravesando, a estas alturas a nadie se le escapa que una gran mayoría de las actividades deportivas han salido beneficiadas de las oportunidades que se han presentado. En un contexto tan marcado por la crisis sanitaria, la salud se ha convertido, obviamente, en una prioridad para prácticamente todo el mundo. Y el deporte, evidentemente, ha sido uno de los sectores que más se ha beneficiado de ello. En muchos países ya se había construido, antes de la pandemia, una cultura del deporte muy sólida, pero en España, un país todavía excesivamente sedentario, la crisis del Covid ha supuesto un fuerte empujón para comenzar a definir esta nueva cultura del bienestar en la que el deporte es uno de sus ejes principales.

Aunque en textil las cosas apenas han cambiado y, salvo excepciones, la mujer apuesta por marcas más cercanas a la moda que al deporte, en calzado las cosas han cambiado mucho en los últimos años y un porcentaje muy alto de mujeres han guardado en el armario sus modelos más “clásicos” y en su día a día apuestan por el calzado deportivo

Las razones por las que el deporte ha visto como se disparaban los índices de práctica son evidentes -principalmente porque se partía de unos índices muy moderados-. Como también lo es que este repunte de la práctica se ha traducido en un crecimiento importante de las ventas. A más gente haciendo deporte, más sell-out.

Más allá de las consideraciones que puedan hacerse sobre este aumento de las ventas y dejando de lado la preocupación de si éste repunte se ha visto frenado por la falta de stock en algunas modalidades (por ejemplo, el bike y el pádel), lo que sí parece evidente es que en este boom de las ventas la mujer ha tenido mucho que ver. Y no solo porque la práctica femenina también haya repuntado (que lo ha hecho de forma importante), sino, también, porque se ha dado un crecimiento de las ventas en categorías en las que hasta hace poco la mujer no era precisamente uno de los perfiles fuertes.

Después del encierro, es decir hace justo un año, se salió en tromba a la calle: a caminar, pero, sobre todo, a hacer deporte. Como válvula de escape y, sobre todo, como la mejor alternativa para “hacer salud”. Los deportes de outdoor, como el bike, el running o algunas modalidades de montaña, dispararon su cifra de practicantes de una forma espectacular. Y lo hicieron, en gran medida, gracias a la mujer. Los índices ya hacía tiempo que subían en todas las disciplinas, pero con la pandemia éstos se han ido igualando a los del hombre. Por suerte, desde hace años la oferta es capaz de responder a esa demanda, así que el sector ha podido sacar partido de ello. Y muchas marcas aun lo están haciendo.

Pero lo más importante es la paulatina incorporación del calzado deportivo en el devenir diario de la mujer. Las zapatillas deportivas hace mucho que salieron del gimnasio y las canchas para hacerse fuertes en la calle. Queda claro que para correr o para jugar a pádel la mujer compra deporte, pero tradicionalmente su apuesta por el canal se ha limitado, precisamente, a lo técnico. A lo que no ha tenido más remedio que comprar. Algunas marcas han conseguido seducirla, también, con sus líneas más lifestyle, pero por norma general la mujer siempre ha preferido comprar sportwear en el canal moda. Y aunque en textil las cosas apenas han cambiado y, salvo excepciones, la mujer apuesta por marcas más cercanas a la moda que al deporte, en calzado las cosas han cambiado mucho en los últimos años y un porcentaje muy alto de mujeres, de todas las edades, han guardado en el armario sus modelos más “clásicos” y en su día a día apuestan por el calzado deportivo.

Con la pandemia los índices de práctica femenina se han ido igualando a los del hombre. Por suerte, desde hace años la oferta es capaz de responder a esa demanda, así que el sector ha podido sacar partido de ello. Y muchas marcas aun lo están haciendo.

Así, si hace 10 ó 5 años la gran mayoría de las ventas de calzado lifestyle de marcas deportivas las “controlaba” el hombre, en estos últimos dos o tres años la mujer ha ganado un peso considerable. Y este cambio, además, es el que ha permitido a esta categoría mantenerse tan fuerte en un contexto tan adverso. Las marcas han tenido mucho que ver, porque ya hace años que son conscientes de que en hombre ya se ha alcanzado una cierta madurez y que cualquier crecimiento -en calzado y en la mayoría de categorías- pasa por ganar más cuota en mujer. Las colecciones son un claro reflejo de ello, y aunque a una gran parte del comercio aun le cueste apostar más fuerte por la mujer, el futuro a corto y medio plazo- y seguramente también a largo- pasa por conseguir que la mujer pase de ser una buena compradora (para la familia) a ser una buena consumidora. En lo atlético, pero, sobre todo, en moda deportiva. Que al fin y al cabo representa el gran grueso de las ventas.

El sector tiene muchas asignaturas pendientes todavía. Y más cuando dejemos tras la pandemia. Pero la mujer es, sin duda, una de las más importantes. Durante años hemos visto como otros canales nos robaban mucho protagonismo en esta categoría, sobre todo porque eran capaces de responder mucho mejor a las demandas de la mujer y, además, lo hacían de una forma infinitamente más ágil, pero ahora tenemos la oportunidad de recuperar terreno aprovechando este acercamiento que se ha dado gracias al calzado lifestyle. Sobre todo, porque puede suponer una puerta a muy buenas oportunidades.

 

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