• Opinión
  • 12 de Nov, 2020

Opinión: Tiempo de cambios

 Hace algunos días la CEC, la Confederación Española del Comercio, advertía en un comunicado que, desde el fatídico 13 de marzo, día del cierre total, ya habían desaparecido alrededor de 65.000 comercios. Y, advertía, también, que las perspectivas hasta final de año no eran precisamente buenas, sobre todo si la segunda ola seguía ganando altura. Siendo optimistas, apuntaba la patronal, la resaca de la pandemia arrasaría entre un 25% y un 35% del tejido comercial.

Las cifras son muy preocupantes. Que 1 de cada 4 tiendas acabe cerrando es demoledor y dice mucho de las graves consecuencias económicas -además de las sanitarias- que dejará esta pandemia, pero muchos de estos cierres son una crónica de una muerte anunciada. El puñetero coronavirus lo que ha hecho, en muchos aspectos, es acelerar los cambios que se esperaban a medio y largo plazo. Un KO técnico en el primer ataque en lugar de ir aguantando golpes hasta el último asalto.

El comercio lleva años obligado a cambiar. Y muchos no lo han ni intentado. Cuando empiezas a recibir golpes por todas partes lo pero que puedes hacer es encajarlos sin más porque, al final, acabas en la lona. Si no puedes atacar, al menos protégete. Pero ni eso. Hay un modelo de negocio que lleva años a la deriva y el coronavirus, lo “único” que ha hecho es empujarle hacia las rocas. Algo que hubiera acabado pasando igualmente dentro de unos años -no muchos-. No es el entorno; es el modelo lo que falla. La incapacidad -o imposibilidad- de muchos para adaptarse a los cambios. Al cómo, dónde y cuándo se vende. A entender que el producto hace tiempo que es secundario y que el salvavidas ya no es ni siquiera el precio. Es el envoltorio. Es el servicio. Es la experiencia. Es la omnicanalidad. Y eso es algo que se ha hecho evidente desde mucho antes del 13 de marzo-.

Hay un modelo de negocio que lleva años a la deriva y el coronavirus, lo “único” que ha hecho es empujarle hacia las rocas. Algo que hubiera acabado pasando igualmente dentro de pocos años.

Pero el coronavirus no solo ha acelerado los cambios en el comercio. También en las empresas. Y nuestro sector es un buen ejemplo de ello. Las compañías no sólo se han tenido que poner las pilas para adaptarse a una nueva realidad mucho más digital; también han tenido tiempo para meditar si su estructura era la más adecuada -en calidad y en cantidad- para afrontar los complejos meses que nos vienen. Y muchas han entendido que hay ciertos cargos intermedios y ciertas estrategias de distribución, que no tienen mucho sentido. Que en ese nuevo mercado que se está construyendo en época de coronavirus -y
que perdurará años- hay que aligerar estructuras. Y, sobre todo, protegerse.

Las estrategias de las grandes marcas, además, van enfocadas a la segmentación -cada vez más radical- de clientes, y es obvio que, a menos clientes, menos necesidad de tener grandes estructuras comerciales. Lo que está pasando en nuestro país con algunas grandes multinacionales ni es una casualidad ni es culpa del coronavirus. Es culpa -si es que hay culpables- de la “aceleración” de unas estrategias comerciales cuya materialización ha pasado del medio plazo al corto
plazo.

Si de algo es culpable el coronavirus es de haber acelerado, y mucho, algunos cambios cuyo horizonte era 2025. Cambios en el tejido comercial de las grandes ciudades, en la digitalización de empresas, en la estructura organizativa de las compañías, en el reparto de poderes entre el offline y el online… Cambios, en definitiva, en todos los niveles.
 

Raul Bernat, redactor jefe de Tradesport

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