• Actualidad Nacional
  • 15 de Oct, 2020

Opinión: La que se avecina, por Raul Bernat

No seré yo quien peque de pesimismo. Nunca he sido alarmista e intentaré que así siga siendo. Pero dicho esto, es obvio que a veces no está de más avisar a los demás cuando se avecina una tormenta. Sobre todo, a los que disfrutan del sol como si nada pudiera cambiar.

La situación actual es muy compleja. Por lo sanitario y, sobre todo, por lo económico. Lo de la mascarilla, a estas alturas, es más que llevadero, y el día a día no deja de ser muy diferente de cómo era antes de que el coronavirus sacudiera al mundo entero. Quizás viajemos menos, quizás hayamos cambiado ciertos hábitos de compra para evitar según que tiendas, pero la vida ha vuelto a la normalidad. Y ya tocaba.

Pero en esta aparente normalidad, sobrevuela sobre nosotros, como un buitre hambriento, un nuevo confinamiento. Parcial o total, poco importa. En algunas comunidades, a estas alturas, ya se han llevado a cabo, y aunque por ahora esos encierros apenas han parado la economía en esas zonas (como mucho hay limites de horarios y aforo), el riesgo de que la cosa vaya a peor y el confinamiento sea más radical está ahí. Y por mucho que se hagan equilibrios para que la rueda no vuelva a parar, la posibilidad de que el país, o algunas de sus zonas, vuelva a la casilla de salida (13 de marzo) es cada vez más alta.

Pero más allá de lo que pueda suceder en las próximas semanas-meses, es evidente que el presente tampoco invita en exceso al optimismo. Al contrario. El deporte puede que viva en una especie de burbuja porque, al fin y al cabo, los datos (globales) indican que las ventas son bastante dinámicas, pero fuera, en el mundo “real”, la situación es bastante alarmante.

Hace unos días corría por las redes un vídeo que refleja perfectamente lo preocupante de la situación actual. En una zona relativamente comercial de Barcelona, hasta 9 locales contiguos tenían el cartel de En Traspaso. Locales que hasta principios de marzo, con más o con menos dificultades, estaban abiertos. Y esa es la realidad de muchas grandes ciudades. Muchos comercios no han superado el coronavirus. Y otros muchos, que sí lo han hecho, puede que no lleguen a final de año. La CEC, por ejemplo, estima que 2020 acabará con un 30% menos de comercios que 2019. Casi nada.

Y el problema es que las perspectivas para 2021 son todo menos buenas. Un PIB en caída libre, una caída en picado del poder adquisitivo de los españoles, menos acceso al crédito, un paro disparado… Y sí, en ese contexto, puede que el deporte se sienta cómodo. Las crisis siempre han sido buenas aliadas porque la actividad deportiva se convierte en la gran válvula de escape, los índices de práctica se disparan y, en mayor o menor medida, las ventas siguen dinámicas. Pero aún así, haríamos bien de no confiarnos y tener claro que vienen meses muy duros. Que los cierres, en nuestro sector, se van a disparar. Y que no todo el mundo podrá pescar en rio revuelto. De hecho, lo harán los de siempre. Y puede que algún grande también acabe cayendo. Sobre todo, si las grandes marcas siguen con su estrategia de reducir clientes y potenciar sus propios canales.

El sol del verano no debe hacernos olvidar que estamos aún en plena tormenta. Y el invierno será frio para todos. Para todos. A estas alturas sobra decir que, en este contexto, será clave la comunicación y la colaboración entre marcas y tiendas. Los meses de confinamiento, salvo excepciones, no han sido precisamente un ejemplo de empatía, pero siempre estamos a tiempo de rectificar. Porque al final, aunque quienes sufren sean los pequeños, los grandes lo acaban pagando.

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