• Opinión
  • 08 de Oct, 2020

Opinión: A pesar de todo, por Jaume Ferrer

 Las crisis, sean de la índole que sean, también ofrecen oportunidades. Es fácil decirlo, y suele ser la cantinela de quienes intentan levantar los ánimos en tiempos difíciles. Y a algunos, no nos engañemos, este tipo de afirmaciones les molesta más que les ayuda. No siempre es fácil que te pinten océanos azules cuando tienes una tormenta encima.

Oportunidades, haberlas, haylas. Siempre. El tema es que siempre se aprovechan de ellas los mismos. Los que cuando las cosas se complican tienen margen de maniobra. Pasta, vaya. Los que no viven al límite con negocios de supervivencia suelen encajar las crisis con mucha más “elegancia”.  Sí, sus estructuras son mucho más grandes y mantenerlas en rio revuelto no siempre es fácil, pero también su liquidez y su capacidad de endeudamiento es mucho mayor. Y esa tranquilidad, ese cojín, les hace afrontar los contratiempos con otros ánimos. Con ánimos, mejor dicho. Los que lo saben todo dicen -y desde hace bastantes meses- que, en determinados procesos, sobre todo aquellos que tienen que ver con el aprovechamiento de las herramientas tecnológicas, cada crisis nos ha hecho avanzar 4 o 5 años. Y seguramente sea verdad. Las situaciones difíciles nos obligan a espabilar; a buscar métodos más eficaces, eficientes y rápidos para todo: para comunicarnos en la distancia, para vender, para comprar, para enviar y recibir esas compras... Todo ha tenido que reinventarse. Y evidentemente no todo el mundo ha podido coger ese tren.

Es evidente, otra vez más, que una de las peores consecuencias de esta crisis sanitario-económica es que se ensancha más la grieta entre ricos y pobres. Y de la misma manera, como ya se está viendo en estos últimos meses, se han acrecentado las diferencias entre los grandes operadores y los pequeños. Por mucha voluntad, actitud y ganas que le pongan. Los grandes tienen mucha más capacidad financiera y eso les permite adaptarse con muchas menos dificultades a las necesidades que obliga la situación. Numerosas empresas puede que no acaben de recuperarse, pero en el cómputo global, los grandes ya están en planta y los pequeños siguen en la UCI. Y la mayoría con pronóstico grave.

Una de las peores consecuencias de esta crisis es que se ensancha más la grieta entre ricos y pobres. Y de la misma manera, como ya se está viendo en estos últimos meses, se han acrecentado las diferencias entre los grandes operadores y los pequeños. Por mucha voluntad, actitud y ganas que le pongan.

A corto y medio plazo, me temo que será muy complicado recuperar el equilibrio de poderes. De hecho, creo que las cosas no van a cambiar a medio plazo. Por muchas razones. Por las económicas, pero, también, por los cambios en la forma de comprar. En el cómo, el dónde y el cuándo. Y l Las crisis, sean de la índole que sean, también ofrecen oportunidades. Es fácil decirlo, y suele ser la cantinela de quienes intentan levantar los ánimos en tiempos difíciles. Y a algunos, no nos engañemos, este tipo de afirmaciones les molesta más que les ayuda. No siempre es fácil que te pinten océanos azules cuando tienes una tormenta encima. El tren de las oportunidades, que hasta ahora era una larga distancia (en algunos casos un regional) ahora es un AVE. Una alta velocidad que, además, no para en todas las estaciones. En las grandes ciudades ya estamos viendo como su tejido comercial se está transformando radicalmente. Y hacia un modelo, que aunque nos pese, no es el más conveniente para nuestro sector. Pero es lo que hay.  Es lo que el consumidor ha decidido que sea. Nos guste o no, el futuro de tiendas y marcas hace tiempo que depende única y exclusivamente de adaptarnos a los hábitos de compra del consumidor.

A quienes no se han subido todavía al tren -la lista es muy larga- no les queda más remedio que hacerlo ahora. Para muchos será la última estación en la que se puede subir...

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