• Actualidad Nacional
  • 10 de Jun, 2020

El repunte que no es: de un deseo a una terrible realidad

Después de tres meses con las tiendas cerradas a cal y canto, cualquier avance se ve como una victoria. Se habla de colas en las tiendas, de una vuelta a la normalidad "comercial" bastante buena e, incluso de repunte. Pero la realidad, la que hay más allá de las ventas necesarias, es muy cruda. Muchas tiendas no han vuelto a abrir y el mapa comercial de las grandes ciudades está inundado de persianas bajadas y carteles de "se traspasa". Viene un verano incierto... y un otoño negro.

Hace unos días, cuando se permitió a los comercios abrir la persiana, nos hacíamos eco de cómo había cambiado un eje comercial como el de Gracia, en Barcelona, con muchos comercios abiertos y bastante gente comprando. Ahora, con pocas más restricciones que las del aforo, esa realidad se ve de otra manera. Ese mismo eje comercial está repleto de locales cerrados o en traspaso, emostrando una realidad que muchos ya predijeron pero que no esperábamos que fuese tan dura.

Este artículo que reproducimos a continuación, publicado este miércoles en La Vanguardia, deja muy claro que las cosas, en Barcelona, invitan a todo menos al optimismo. Y en Madrid y otras grandes ciudades debe pasar más de lo mismo... Es importante y muy recomendable leerlo para tener una idea más clara de lo que realmente es el presente... y de lo que podemos esperar. 

"La desescalada comporta que la mayoría de comercios de Barcelona haya reabierto. Pero son muchos, especialmente en algunas zonas, los que permanecen con las persianas bajadas varias semanas después del reinicio, con limitaciones, de la actividad. Y no es una situación inesperada. En el sector se estima que un tercio de los establecimientos de la ciudad tiene su supervivencia seriamente amenazada por la crisis desatada por la Covid-19. Una cosa es ponerse en funcionamiento y otra distinta aguantar y poder seguir y llegar a septiembre. Por lo pronto, se prevé un verano con escaso turismo. Y la reactivación del consumo local, que también plantea dudas debido a los efectos de la pandemia en las economías familiares, no será suficiente para asegurar el futuro de un elevado número de negocios, que vive gracias a los visitantes foráneos. Así las cosas, se teme un otoño negro que pueda modificar considerablemente el escenario comercial.

Las persianas bajadas obedecen a diversas razones. En algunos casos se deben a que los locales se están adaptando de cara a la “nueva normalidad” y necesitan algún tiempo para estar listo. Otros –especialmente en bares y restaurantes sin terrazas– esperan a que la capacidad sea algo mayor para que les salgan las cuentas. También los hay que, antes de levantar los ERTE que aplican a sus plantillas, quieren ver las cosas algo más nítidas. Y, claro, hay establecimientos que no han abierto porque han cerrado definitivamente. Son las primeras víctimas comerciales del coronavirus. “No estamos en una situación normalizada, ni mucho menos,­ hay negocios que siguen cerrados, pero lo que más nos preocupa es que muchos de los que han abierto no puedan aguantar”, señala Àlex Goñi, presidente de Pimec Comerç. La incertidumbre sobre la evolución de la actividad de aquí a final de año es grande. “La morosidad entre comercios va a subir –añade–, haber estado más de dos meses sin trabajar pone las cosas muy difíciles en los establecimientos pequeños y medianos, no hay liquidez, no se puede hacer frente a los pagos...”.

La reactivación no es homogénea. Como regla general, explica David Sánchez, presidente de Comertia, la patronal de la empresa familiar de retail , “los puntos de venta más cercanos a los domicilios de los clientes se recuperan más rápido que los que están junto a los lugares de trabajo o que viven del turismo”. También evolucionan mejor, continúa, “los que venden productos de primera necesidad, como la alimentación, que han estado siempre abiertos, que los de moda u ocio”. Y, como segmento más tocado por esta crisis, añade, la hostelería.

El comportamiento desigual del comercio puede verse en muchos barrios de Barcelona. El centro, con gran peso del turismo, tiene más persianas bajadas que las zonas con clientes mayoritariamente o exclusivamente locales. “Hace un mes hicimos una encuesta a nuestros asociados y dijeron que el 35% de los establecimientos de nuestros ejes no volvería a abrir”, indica Nuria Paricio, gerente de Barcelona Oberta, entidad que agrupa comercios de las zonas más turísticas de la capital catalana. Muchos de estos negocios tienen dificultades añadidas. “Suelen ser más grandes y con más trabajadores que la media –explica–, por lo que los gastos son mayores y si no reciben suficientes clientes, muchos no podrán seguir”. Paricio aporta otra cifra que da la medida del problema: “Si no hubiese turismo, sobrarían unos 1.200 comercios en la ciudad”.

Pròsper Puig, vicepresidente de la Fundació Barcelona Comerç, que reúne ejes de barrios, constata que “la recuperación es desigual también en las zonas que no viven del turismo” y teme que en algunas, en las que el impacto económico sobre las familias puede ser más fuerte, los comercios de proximidad sufran más que en otras en las que los clientes van más desahogados porque tienen un poder adquisitivo más alto. Esta organización estima que la crisis del coronavirus destruirá, globalmente, entre un 10% y un 15% del tejido comercial de la ciudad. “La prueba de fuego será la campaña de Navidad –añade el también presidente del eje comercial de Sant Andreu–, así que lo que pase en octubre, noviembre y diciembre será determinante para el futuro de muchos establecimientos”. Con todo, Puig confía en que esta crisis ayude a poner en valor el comercio de proximidad. “Ya lo estamos viendo –señala–, la gente aprecia nuestro carácter social”.

De todos modos, los centros comerciales son los protagonistas en lo que va de semana, la del estreno de la fase 2 de la desescalada, que les permite reabrir, aunque con limitaciones de aforo. En estos dos primeros días la afluencia ha sido notable en todos los de la ciudad, superior a la prevista, aunque en la mayoría no todas las tiendas están abiertas.

La principal amenaza que se cierne sobre comerciantes y restauradores es el pago del alquiler cuando se ha estado durante más de dos meses sin ingresos. El director de los asesores inmobiliarios Busquets&Gálvez, Ignasi Busquets, explica que actualmente las rentas están inestables y presentan una tendencia a la baja. Aún así, muchos intentan negociarlas o aplazarlas durante estos días para poder hacer frente a la situación. Hay propietarios que son más comprensivos que otros y que ceden debido a la crisis, algo que considera inevitable, si no quieren perder inquilinos. Otros, en cambio no quieren “rebajar sus expectativas”.

Los traspasos también han caído en picado. Ángela Sánchez, directora de retail de Laborde Marcet, explica que ahora a nadie se le ocurre reclamar 500.000 euros por un traspaso porque es inviable en una coyuntura de bajada generalizada de rentas. Con todo, asegura que se están cerrando operaciones. “Ahora son negociaciones más agresivas –señala–. Locales que se alquilaban antes por 15.000 euros ahora se ofertan por hasta un 50% menos durante el primer año. Así se espera a ver cómo evoluciona la situación y, si las cosas funcionan bien, en el segundo año las rentas se ajustan al precio de mercado”.

Apunta Sánchez que a los propietarios les cuesta digerir que su local valga la mitad que hace tres meses, pero asegura que deben darse cuenta de la situación actual. Algunos caseros empatizan con sus inquilinos y están haciendo rebajas en los precios del alquiler a la mitad o condonando , incluso, el 70% de la renta. No obstante, advierte que aquellos propietarios con más de un local en la ciudad son los más reacios a cualquier tipo de acuerdo. En cualquier caso, considera que es el momento “de echar una mano”.

Ignasi Busquets añade que la crisis va por barrios y se puede comprobar con un simple paseo por la ciudad. Coincide con Ángela Sánchez y con las organizaciones de comerciantes en que las zonas más castigadas son los que viven del turismo y ahora mismo hay locales cerrados en calles que antes pensábamos que era impensable, como Pelai o Portaferrissa. Por eso, algunos piensan que ya ha llegado el momento de las oportunidades, de inversores que buscan chollos en la ciudad a precios económicos. Sin embargo, las inmobiliarias apuntan que es demasiado pronto para este tipo de operaciones. “Muchos establecimientos–asegura Busquets– aún están a la espera de ver cómo y cuando regresan los turistas y prefieren reabrir en unas semanas y entonces levantar los ERTE”.
 

Artículo publicado en La Vanguardia

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