• Actualidad Nacional
  • 27 de Abr, 2020

Análisis: Se desvanecen las esperanzas de una recuperación en forma de V

Los últimos datos económicos han sido impactantes. De hecho, el reto de levantar las restricciones en ausencia de una vacuna contra el Covid-19 conlleva que sea menos probable que experimentemos un rápido repunte de la actividad económica. Entre los argumentos sobre la falta de material de protección para los trabajadores sanitarios y sobre si los gobiernos fueron demasiado lentos a la hora de reaccionar, las últimas cifras muestran que la pandemia de Covid-19 se está controlando de forma gradual. A su vez, el ritmo de crecimiento de las nuevas infecciones y muertes en todo el mundo está disminuyendo y las curvas se están aplanando. Se están haciendo verdaderos progresos a medida que los confinamientos surten efecto. Sin embargo, mientras que la pandemia disminuye, la preocupación se centra ahora en la salud de la economía, en la que se está poniendo de manifiesto el grave daño causado por las restricciones.

Obtener una imagen precisa y oportuna de la economía es siempre un reto, dado el retraso en la publicación de datos. Sabemos que el mes de marzo fue débil en actividad industrial, las ventas de automóviles y al por menor cayeron en Estados Unidos, la Unión Europea y gran parte de los mercados emergentes. China fue una excepción, ya que la producción y las ventas al por menor rebotaron; sin embargo, esto siguió a caídas significativas en enero y febrero y no fue suficiente para evitar una contracción del 6,8% del PIB en el primer trimestre, el primer descenso registrado. El panorama para el mes de abril todavía no está claro, pero los últimos índices adelantados de gestores de compra (PMI) confirmaron que la actividad entró en caída libre con descensos significativos tanto en el índice de manufactura como en el de servicios. EE. UU., la zona del euro, Japón y el Reino Unido vieron cómo sus PMI compuestos marcaban nuevos mínimos, con sus economías fuertemente impactadas por las restricciones. Sobre esta base, la actual desaceleración es única, tanto por su profundidad como por su velocidad. La caída ha sido dura y rápida, superando a la Crisis Financiera Global en la misma etapa en 2008.

Prueba clave para la política y el sistema bancario
Siempre hemos advertido que el mayor impacto en la actividad económica se registraría durante el actual trimestre. Nuestros pronósticos muestran un descenso significativo de la actividad en el segundo trimestre, con el PIB de EE.UU. contrayéndose en un 22% intertrimestral (no anualizado) por ejemplo, así que los últimos PMIs no deberían provocar revisiones importantes.

Para nosotros, dos factores son clave para el camino de la actividad en el futuro: en primer lugar, la respuesta de los gobiernos y el sistema bancario; en segundo lugar, la velocidad con la que se pueden levantar las restricciones.

Por un lado, a medida que se intensifica la tormenta económica es vital que se pongan en marcha medidas políticas allí donde sea necesario. La caída de la actividad ejercerá una fuerte presión sobre las finanzas corporativas y dará lugar a una importante ola de quiebras y despidos. Aquí es donde los paquetes de apoyo de los gobiernos serán vitales para amortiguar el golpe y evitar que la economía se incline hacia una recesión mucho más profunda. Esta situación pone particularmente en peligro a las empresas más pequeñas que no tienen el mismo acceso al crédito que sus homólogas más grandes. Tanto EE.UU. como el Reino Unido se han movilizado recientemente para aumentar el alcance de sus paquetes de apoyo en este ámbito con el Congreso acordando medidas esta semana, pero todavía hay dudas sobre si las medidas serán suficientes.

Este período también será una prueba clave para el sistema bancario que se espera que continúe aumentando la liquidez. Cabe destacar que al publicar los resultados de JP Morgan la semana pasada, el CEO Jamie Dimon dijo que las compañías estaban usando sus líneas de crédito al doble del ritmo visto en la crisis financiera de 2008. Por otro lado, los bancos han seguido las instrucciones de los gobiernos de cancelar los dividendos y acumular capital para hacer frente a las pérdidas y el sector bancario europeo ha perdido la mitad de su valor en lo que va de año.

En este escenario, no habrá rescates directos de los bancos esta vez. No obstante, al extender la flexibilización cuantitativa (QE) al papel comercial y al crédito corporativo, los bancos centrales como la Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra están asumiendo gran parte del riesgo. Al igual que, por supuesto, los gobiernos a través de los planes de garantía de préstamos.

Se desvanecen las esperanzas de una recuperación en forma de V
De cara a predecir cómo la economía mundial se recuperará, hay que tener presente, por un lado, la situación actual y, por el otro, mirar hacia el futuro para ver con qué rapidez se pueden desarrollar estrategias de salida creíbles para el levantamiento de las restricciones. Esto es clave para la forma de la recuperación en cuanto a si obtenemos una V o algo más cercano a una U, o incluso una L. En este sentido, el fuerte rebote, o la recuperación en forma de V, está en duda.

Los países que han adelantado la vuelta al trabajo han visto la aparición de nuevas olas de contagios y están teniendo que buscar un levantamiento gradual de las restricciones. Singapur, por ejemplo, ha registrado un nuevo fuerte aumento de los contagios.

También ha habido indicios de que los consumidores se muestran reacios a volver a los centros comerciales y restaurantes por temor a su salud física y económica. En China, las empresas ofrecen créditos y vales de descuento para atraer a los consumidores, mientras que a los funcionarios del Partido Comunista se les ha pedido que se les vea salir de compras. No sería sorprendente que la precaución de los consumidores fuera una característica de la recuperación mundial, dada la conmoción que ha sufrido la economía y el empleo, lo que atenúa la recuperación. Junto con un consumidor más cauteloso, es probable que veamos un gasto empresarial más lento, ya que la incertidumbre actual inhibirá la voluntad de hacer grandes compromisos de inversión. Un mayor ahorro y una menor inversión reforzarían un escenario de crecimiento más lento y unos tipos de interés más bajos.

La desventaja de la estrategia de supresión es que no crea la «inmunidad de rebaño» generalizada que permitiría volver a la actividad normal sin el riesgo de una nueva ola de contagios. Los análisis de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugieren que sólo entre el 2% y el 3% de la población tiene anticuerpos que muestran que han tenido Covid-19. Los estudios están en curso, pero se necesitaría una cifra más cercana al 60% para corroborar inmunidad generalizada. Por ejemplo, Suecia ha adoptado un enfoque diferente con menos restricciones para lograr la inmunidad y se espera que Estocolmo la logre en pocas semanas. No obstante, a menos que sus socios comerciales también se recuperen, Suecia (al igual que China, Corea y Singapur, que también están saliendo de la crisis), se enfrenta al mismo problema de falta de demanda global.

Teniendo en cuenta este contexto, la presión para levantar los cierres más rápidamente se intensificará a medida que el daño económico se haga más evidente. Sin embargo, nuestra opinión es que la recuperación en forma de V es demasiado optimista y es probable que en nuestra próxima ronda de previsiones revisemos a la baja nuestras perspectivas de crecimiento mundial para 2020. La recuperación será más débil y se retrasará, adoptando una forma más cercana a la de una U. Sin embargo, la esperanza está en que con un levantamiento más gradual de las restricciones la economía mundial debería ser capaz de evitar una segunda ola significativa de contagios y la recesión de doble caída, o escenario en W.

El retorno de la inflación… ¿o la deflación?
¿Cómo será la inflación? Hay cuellos de botella en el sistema como resultado de la interrupción de las cadenas de suministro. Además, se teme que la magnitud del estímulo fiscal y monetario provoque un aumento significativo de los precios en 2021 a medida que la economía mundial se recupere finalmente. También hay serias preocupaciones por el suministro de alimentos, en el que la escasez de mano de obra puede ralentizar las cosechas debido a las restricciones de movilidad.

En esta etapa, sin embargo, vemos pocas perspectivas de inflación. Los precios de las materias primas están cayendo y mantendrán la inflación baja en los próximos meses. Impulsado por el colapso de los precios del petróleo, el índice de materias primas del S&P GSCI ha bajado casi un 50% anual, cerca de la disminución observada durante la Gran Crisis Financiera, cuando el IPC de EE.UU. se volvió negativo en un -2% (véase el gráfico a continuación).

De cara al futuro, es probable que la recesión mantenga la inflación bajo control hasta bien entrado el próximo año, dados los amplios desfases entre el crecimiento y los precios. Durante este período, los riesgos pueden ir en sentido contrario, de manera que se produzca un período de deflación a medida que se abra la brecha de producción y se ejerza una presión a la baja sobre la inflación, que ya está por debajo del 2% en muchas economías. Es evidente que la reducción de la probabilidad de un escenario en V aumenta el tiempo necesario para volver a la tendencia y el riesgo de deflación.

Efectos permanentes de la crisis
Aunque el objetivo de la política es evitar que la pandemia tenga un efecto duradero, la economía que surja de la crisis será diferente. Es probable que los viajes y el turismo, por ejemplo, acusen mayor debilidad, mientras que una mayor tendencia a teletrabajar y hacer las compras online se acelerará a expensas de los minoristas y las tiendas de las principales arterias comerciales. Es probable que las empresas se replanteen las cadenas de suministro y su dependencia de proveedores lejanos. Es muy posible que se prefiera trasladar la producción a lugares cercanos, aunque esto puede significar más automatización en vez de un incremento de la demanda de mano de obra local.

Con el tiempo, el crecimiento de la tendencia puede reestablecerse, pero de manera más inmediata la dislocación dará lugar a un período de actividad más débil a medida que la economía mundial se ajuste a un nuevo equilibrio. Tal como vimos después de la Gran Crisis Financiera, las recesiones importantes pueden tener repercusiones duraderas en la productividad y el crecimiento con efectos adversos en las condiciones de vida. En este entorno, los niveles de deuda pública pueden ser permanentemente más altos.

Planeamos continuar analizando la economía post-Covid-19 en las próximas semanas. Mientras tanto, quisiéramos destacar que hay más malas noticias por venir sobre la economía y la confianza en el apoyo de las políticas se pondrá a prueba, intensificando así la presión para levantar las restricciones. Sin embargo, aunque creemos que la política puede ayudar a las empresas a salvar la brecha financiera, serán las dificultades para diseñar una estrategia de salida exitosa las que retrasen la recuperación y conviertan la V en una U.

Articulo publicado en Rankiapro.com por Keith Wade Economista jefe de Schroders

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