• Actualidad Nacional
  • 23 de Abr, 2020

OPINIÓN: El día después, por Carlos Grande

Ya no hay duda, estamos en medio de una pandemia mundial que ha paralizado las principales economías del mundo produciendo millones de contagios y cientos de miles de muertes registradas, aunque conocemos que la escasez de tests y la contabilización de casos en todos, o prácticamente todos, los países hacen que la cifra real probablemente sea mayor.

Mientras encontramos soluciones eficaces frente a este coronavirus, ya sea un tratamiento o una vacuna o ambos, las medidas de protección y el distanciamiento social seguramente persistirán, ya sea por iniciativa de los gobiernos, o por propia precaución de la ciudadanía, circunstancia que pone en jaque tanto al deporte como al retail.

Esta por ver qué solución se aplicará al deporte de competición que acumula grandes aglomeraciones, y también a las competiciones deportivas de base. Mientras, es de prever que la practica deportiva individual vuelva a la normalidad en breve, al menos en las actividades outdoor, aunque sea de manera condicionada. Para nuestro sector, en lo que al perfomance se refiere, este es un detalle esencial, pues de él va a depender la reactivación más lenta o más rápida del sector.

Si algo está afectando de manera notable a las ventas del comercio durante el confinamiento, es que el consumidor esta dejando de comprar cosas no “necesarias”, donde el textil y la moda quizás sean los más perjudicados.

Por otro lado, habrá que ver cómo se aplica la desescalada del confinamiento al comercio que no es de primera necesidad, pero también, cuál será el comportamiento de los ciudadanos, mientras no existan esas medidas eficaces frente al coronavirus antes mencionadas. En este sentido, la asistencia a espacios multitudinarios como son los centros comerciales o grandes establecimientos puede sufrir un retraso, como se ha observado en el plan alemán, así como un retraimiento mayor de la población, lo que podría suponer una vuelta al comercio urbano, tanto del centro ciudad como de los barrios, ese comercio de proximidad tan golpeado en los últimos años.

En cualquier caso, no dudemos que habrá un día después en el que trabajar. Y una de las tareas pendientes del sector es exigir que se promocione el deporte en todas las franjas de edad. Este virus ha demostrado la importancia de contar con una población sana, con las menores enfermedades crónicas posibles. Diabetes, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer, entre otras enfermedades, tienen una incidencia notable provocada por la obesidad, una pandemia silenciosa en nuestras sociedades desarrolladas, contra la que se ha actuado con muy poca intensidad, a pesar de los ingentes costes económicos, farmacéuticos y sanitarios que sabemos que produce.

El sector debe, de una vez por todas, ponerse muy serio en este sentido tanto por el beneficio propio que supone una población activa que necesita de elementos para llevar a cabo la actividad física, como por compromiso social.

Sin embargo, la preocupación principal en estos momentos respecto al día después no es esta, evidentemente, sino qué va a pasar con el tejido económico. Que sucederá con todas esas pymes y autónomos para los que una coyuntura de este tipo puede ser letal debido a la fragilidad económico-financiera de muchas de ellas. Sin duda, el tejido empresarial va a necesitar una fuerte inyección para continuar desarrollando su labor no sólo en España, sino en todo el mundo. Igualmente, habrán de observarse medidas que intenten sostener el consumo de las familias, una vez observado el fuerte impacto que esta crisis está provocando en el empleo a nivel mundial también. En mi opinión no debemos debatir si es antes el huevo o la gallina, sino que se debe estimular tanto a empresas y creación de empleo, como al consumo.

Asimismo, en estos momentos surgen gurús que explican que el confinamiento cambiará nuestros hábitos de compra, dirigiendo el nuevo modelo de comercio hacía un fuerte impulso del online, y apoyados también en las posibles reticencias a compartir espacios con grandes aglomeraciones.

Mientras,otros como Dimás Gimeno, ex-CEO de El Corte Ingles, dirigen sus previsiones para el futuro del retail más que al incremento online, a una probable polaridad, por un lado modelos de negocio inspirados en Primark (muchos productos a precios muy bajos, que genera una percepción de falsa riqueza al poder salir con enormes bolsas por poco dinero, ofreciendo la posibilidad de estrenar y poseer cosas nuevas), junto con marcas de súper lujo y exclusividad.

El sector debe, de una vez por todas, ponerse muy serio en este sentido tanto por el beneficio propio que supone una población activa que necesita de elementos para llevar a cabo la actividad física, como por compromiso social.

Desde mi punto de vista, a estas posibilidades les falta una tercera vía, una que atenta contra el modelo actual de enormes bolsas y armarios repletos del que derivan modelos de negocio como wallapop o vinted, y esto sí puede ser algo aún más preocupante. Ese “consumidor tradicional” que citaba Zygmunt Bauman y que es un gran peligro para los mercados de consumo pues solo compra hasta satisfacer sus necesidades y deja de hacerlo cuando estas han sido satisfechas. Si algo está afectando de manera notable a las ventas del comercio durante el confinamiento, es que el consumidor esta dejando de comprar cosas no “necesarias”, donde el textil y la moda quizás sean los más perjudicados. Los datos indican que las ventas de este sector no han experimentado el incremento de ventas online de otros sectores, aunque las tiendas físicas acumulan semanas cerradas y el consumidor ya estaba acostumbrado a este canal en estos sectores, lo que ha provocado la apertura de rebajas online para intentar paliar este efecto. La propia patronal de las grandes superficies (Anged), aseguraba hace unos días estar preocupada al respecto, y no es la única que ha expresado esa opinión.

La crisis de 2008 marcó, ante la necesidad de recortar, la eliminación de gastos superfluos, prescindibles o no de primera necesidad. Quizás, con la recuperación algunas aguas habían comenzado a volver a su cauce, pero tanto en las economías domésticas, como sobre todo a nivel empresarial se “aprendió” de esa crisis para recortar, y en mi opinión el COVID-19 y el confinamiento, pueden generar en su derivada crisis económica un reforzamiento de esta estrategia, la caída de las compras “superfluas”, lo que pondría en riesgo el modelo comercial del mundo occidental.

Lamentablemente, nadie adivina que sucederá el día después, los propios datos expuestos por el FMI u otras entidades internacionales no son coincidentes, y quizás debamos conservar la esperanza de que esta crisis, que no ha sido una respuesta económica sino el producto de una coyuntura sanitaria, sea superada rápidamente. A pesar de ello, es seguro que producirá cambios, pero por el momento tampoco podemos conocerlos, sólo podemos adivinarlos o suponerlos, pero una cosa es segura, debemos conservar la esperanza pues esto lo superaremos juntos.

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