• Opinión
  • 04 de Abr, 2020

Opinión: Dejar que los españoles hagan deporte no es nada fácil

Este sábado se ha sabido que el Gobierno va a alargar el confinamiento hasta, mínimo, el 26 de abril. Y entre líneas, Pedro Sánchez también ha dejado claro que es más que probable que la cosa tenga que alargarse un poco más incluso, volviendo a la normalidad de forma “muy escalonada”. Nada nuevo.

Una de las cuestiones que tiene sobre la mesa el ejecutivo es la posibilidad, pasada la semana santa (y los días más radicales en cuanto a confinamiento) de ser un poco más flexibles con los niños y con el deporte. Es decir, que a los padres nos dejen sacar a pasear a los niños (equiparando sus derechos con los de los perros) y que a quienes hacemos deporte, nos permitan salir, una hora al día (y presumiblemente cerca de casa) a quemar calorías y estrés.

Sobre la medida que afecta a los niños, nada que decir. Es tan necesario para ellos como para los padres. Sobre el deporte, pese a ser parte implicada, tengo mis dudas. Sobre todo dos.

La primera, obviamente, es que se entiende por deporte. ¿Bici? Me extrañaría mucho que se nos permitiese ir en bici, entre otras cosas por el riesgo físico que puede conllevar (no es el mejo momento para acabar en un hospital). ¿Deportes colectivos? 100% descartados. Así que nos queda poco más que correr. Pero ojo… ¿acaso pasear no es también hacer ejercicio físico?

Somos de salir. Y todos queremos salir. Y sinceramente, tiene el mismo derecho a correr un runner que a pasear cualquiera que no corra.

Y aquí surge mi segunda duda. ¿Cómo se puede limitar lo que es y lo que deja de ser ejercicio? ¿Se podrá salir a correr, pero no a caminar? ¿Se podrá salir a caminar también? Si la respuesta a esta última cuestión es que sí, mucho me temo que al segundo día nos quitan este privilegio, porque de repente habrá 30 millones de españoles que querrán hacer ejercicio. Y las calles, lógicamente, estarán repletas de gente corriendo, pero también caminando. ¿Qué hacemos, entonces, dejar que se pueda correr, pero no pasear? ¿Establecer una velocidad mínima de trote para que algo se considere “hacer ejercicio”?

No nos engañemos, aquí la gente es muy pícara. Y las ganas de salir son muchas. Si cada día nos reímos con videos de gente que se las ingenia para salir de casa sin poder hacerlo, imagínense si salir a correr es un argumento esgrimible. Correrán hasta los que se cansan yendo a la nevera a por comida. Si el Gobierno decide que se puede hacer un poco de deporte, las calles se van a llenar. Y eso no será bueno para nadie, y no porque pueda expandirse más el virus (que también) sino porque si eso pasa obligará al gobierno a volver a un confinamiento tan duro como el de ahora.

Es una decisión difícil. Muy a mi pesar, el carácter de los españoles dificulta un poco las cosas, no nos engañemos. Somos de salir. Y todos queremos salir. Y sinceramente, tiene el mismo derecho a correr un runner que a pasear cualquiera que no corra.

Si el gobierno acaba finalmente dejando que los españoles hagamos un poco de ejercicio, tendrá que definir muy bien quién, cuándo, dónde y cómo puede hacerlo. Y no será fácil. Habrá que limitar edades, distancias, horarios (por apellidos, por ejemplo). Y también habrá que definir muy bien qué es deporte y que no. Y sobre todo, y ese es el punto más complejo, habrá que vigilar muy de cerca que estas limitaciones se cumplan.

En cuanto al sector, puede que si finalmente se decide dejar que la gente salga a correr, haya un cierto repunte en las ventas… online. Nada destacable seguramente, y con los de siempre aprovechándose. El resto, las tiendas offline, no sólo verán como su agonía se ha alargado hasta, mínimo, el 26, sino que encima tendrán que ver como no sacan partido a este posible boom de practicantes. Siempre llueve sobre mojado.

 

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