• Opinión
  • 17 de Mar, 2020

Opinión: #hagamosbarrio, por Jaume Ferrer

Estamos inmersos en unos días muy complicados e inéditos en nuestro quehacer. Hace solo un mes nadie podía imaginar que nos encontraríamos en esta situación, que está poniendo en jaque a todo y a todos. El confinamiento, el estado de nuestra sanidad, el cierre de empresas y comercios y todos los efectos económicos que ello conlleva, tendrá muchas y diferentes consecuencias.

En este cambio sistemático en el que parecemos avanzar sin un rumbo claro, a veces preocupados y otras veces relativizándolo todo, hay una serie de “agentes” que se han ganado nuestro respeto y nuestro afecto
. Personal médico y enfermeros principalmente, cuerpos de seguridad, transportistas hasta cajeros de comercios de alimentación o indispensables que están haciendo un esfuerzo para que todo fluya mejor y nos afecte lo mínimo posible las consecuencias de esta fatídica pandemia. En este contexto de indefensión en el que nos encontramos, de no saber muy bien hasta cuándo y hacia dónde nos llevará, la solidaridad principalmente, y también la unidad, emergen como unos valores fundamentales para avanzar. Y esta solidaridad a la que hoy le vemos su valor, será importante que cuando todo quede atrás, la recordemos.

El tejido comercial no tiene ninguna alma ni diferenciación si dejamos que se muera el comercio de proximidad. Si dejamos que lo global acabe con lo local. Ahora más que nunca, ese comercio debe protegerse.

En la lista de “agentes” que nos están haciendo más fácil este confinamiento también es importante poner en su justo lugar al comercio de proximidad. A esos pequeños súpers, panaderías o farmacias de barrio que abren su persiana cada día para dar servicio a la población de proximidad, para que podamos cubrir nuestras necesidades básicas.

Algunos dirán que son afortunados por poder abrir y seguir facturando, y así es, pero no por ello hay que dejar de poner en valor el fundamental papel de este tejido comercial de proximidad. Que ellos abran la persiana nos ahorra colas, aglomeraciones y tener que coger coche para ir a las grandes superficies comerciales. Y eso, en el contexto en el que estamos, es oro puro. Es salud.

Es más, este #hagamosbarrio debería empezar desde ya. Encerrados en casa, sin poder practicar deporte, pero con los grandes del ecommerce activos y poniendo a todo volumen sus cantos de sirena, es importante que no nos lancemos al gasto por el gasto, pues eso no ayudará en nada al comercio físico que se ha visto obligado a cerrar, como por ejemplo el comercio deportivo. No estaría de más, eso sugiero, que estos días de encierro y de cierres, aplazáramos las compras que nos genera el impulso de poderlas adquirir y disponer via internet -y que además no vamos a poder utilizar- y esperemos a que la tormenta pase para adquirirlo al comercio de proximidad o al nuestro habitual, que mucho lo necesitará. La tienda de barrio, el comercio tradicional, no tiene mucho margen para actuar. Un revés como este puede poner en jaque su supervivencia.

Los efectos de esta pandemia cuestionan muchos aspectos de esta brutal globalización que padecemos y uno de ellos es el del contagio. Como suelen decir algunos expertos, cuando Estados Unidos o China tosen, Europa coge una pulmonía. Y esto siempre acaba repercutiendo a los mismos. Y siempre será así si no somos capaces de dar valor a lo local. De protegernos de la globalización o, mejor dicho, de sus demonios, apostando por lo local. La llamada glocalización, que al fin y al cabo implica aprovechar las ventajas de lo global y de lo local, es tan necesaria como combatir el cambio climático, como potenciar la sostenibilidad o como, ahora, luchar contra esta maldita pandemia.

Encerrados en casa, sin poder practicar deporte, pero con los grandes del ecommerce activos y poniendo a todo volumen sus cantos de sirena, es importante que no nos lancemos al gasto por el gasto, pues eso no ayudará en nada al comercio físico que se ha visto obligado a cerrar

Pero también espero que seamos capaces de poner en valor a todos aquellos que en esta tormenta nos hacen el día a día más llevadero y, también (o sobre todo), a todos aquellos que, viéndose obligados a cerrar, estuvieron a punto de desaparecer por no tener, ni por asomo, el margen de maniobra de los grandes transatlánticos del retail.

El ecommerce es tan imparable como necesario, y evidentemente que en épocas como esta su papel es muy importante; también las grandes cadenas son imprescindibles en nuestro día a día, en nuestra forma de comprar tan homogénea y globalizada; pero el tejido comercial no tiene ninguna alma ni diferenciación si dejamos que se muera el comercio de proximidad. Si dejamos que lo global acabe con lo local. Ahora más que nunca, ese comercio debe protegerse.
Corre un “meme” por las redes que viene a decir que cuando volvamos a la normalidad, los bares y restaurantes, el ocio en general, va a experimentar un boom espectacular.
Y así será. Porque así somos con la ley del péndulo en la mano. Pero también estaría bien que pensáramos en esas tiendas de barrio que, esperemos, abrirán de nuevo para intentar seguir subiendo la persiana cada día.

Como dice la publicidad del Ministerio de Sanidad #EsteVirusLoParamosUnidos. Esto es unidad, pero también solidaridad: la de proteger un comercio que siempre, siempre, ha estado allí.

Cuando se acabe este encierro todos #practiquemosdeporte #hagamosbarrio

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