• Opinión
  • 21 de Sep, 2018

Opinión: Los ricos se hacen más ricos, por Jaume Ferrer

 Una de las principales conclusiones que podemos sacar de cualquier crisis económica, sobre todo de la que se supone que acabamos de dejar atrás, es que en contextos tan complejos se suele ensanchar la brecha que hay entre ricos y pobres. Vamos, que, aunque haya excepciones, y a cientos de informes me remito, los ricos se hacen más ricos y los pobres se hacen más pobres. Y lo mismo sirve para las empresas. Algunas grandes compañías habrán sufrido importantes pérdidas, sobre todo en sectores donde la crisis se ha dejado notar más, pero en el balance global, un porcentaje muy alto de las grandes compañías, ha cerrado la crisis con más éxitos que fracasos.

En el sector del deporte las cosas no son exactamente así. La crisis pasó de largo en un primer momento. Es más, durante meses fue uno de nuestros aliados. Deportes como el running, el bike o el pádel se aprovecharon de los cambios en los hábitos de compra y de ocio que conllevó la crisis para ganar peso en ventas y, sobre todo, en practicantes. Y una parte del comercio logró, gracias a este repunte, mirar con cierta distancia las penurias de otros sectores. Pero las cosas, como era previsible, se acabaron torciendo. Y no fue por la crisis económica. Más bien por una crisis de identidad. De gestión.

En el deporte los grandes se han hecho más grandes. Tanto marcas como comercios. Las grandes marcas internacionales, pese a algunos altibajos, crecen. Como también crecen, en ventas y en tiendas, las grandes cadenas nacionales e internacionales. Crecen y se alejan del comercio tradicional, que poco a poco, con excepciones, se va haciendo pequeño. Más pobre. ¿La crisis? Puede que haya tenido algo que ver, pero en el origen de estas diferencias cada vez más obvias entre grandes y pequeños hay razones mucho más profundas que las puramente económicas. Más profundas y más preocupantes. Sobre todo, para los pequeños.

Que Decathlon, JD, Sprinter, Foot Locker y compañía hayan ganado peso tiene mucho que ver, obviamente, con su fuerte apuesta por la expansión. A más tiendas, más ventas. En principio. Pero el problema no tiene que ver tanto con esta expansión, ni siquiera con la oferta de estas tiendas. El “problema” es el terreno que está ganando el online. En ventas y en servicios. La forma de comprar de los consumidores ha cambiado radicalmente y si los grandes se han hecho más grandes es, también, porque han sabido entrar al juego, no solo de la venta online, sino, sobre todo, de la llamada omnicanalidad. Quienes pierden, quienes se hacen pequeños, son los que no son capaces de seguir el ritmo que marca el consumidor. Y si encima se quedan quietos y resignados, criticando lo que, en realidad, es ley de mercado, aún peor.

Es cierto, para ser justos, que el hecho de que los grandes se hagan más grandes tiene mucho que ver con esta capacidad de dar respuesta a las necesidades del mercado y del consumidor. En gestión, en oferta, en servicios y en modelos de venta. Cuanto más se tiene, más se puede invertir en tener más. Y en llegar a más sitios. Pero eso no quita que, también la selección natural del mercado -especialmente entre los especialistas- haya provocado que la brecha entre grandes y pequeños se haya hecho más grande.

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