• Opinión
  • 27 de Mar, 2018

OPINIÓN: Zara quédate

 Digo Zara, pero podría haber dicho H&M o Mango. O Pull & Bear. El tema es que, en estos últimos meses, estamos viviendo una paradoja (una más) en la relación pequeño comercio independiente-grandes cadenas. Si hace apenas una década Inditex, H&M y compañía eran el gran enemigo del comercio tradicional, ahora resulta que muchos de quienes los vieron como sus grandes enemigos, les reclaman que se queden. Que no se vayan. Que sin ellos la cosa está muy mala. Y la culpa, como siempre, es de otros. De otro. Del ecommece.

Las grandes cadenas de la moda están cambiando sus estrategias, sobre todo en ciudades de “segunda fila”. Si hace 15 ó 10 años su política de expansión se basaba en estar en las principales zonas comerciales de todas las ciudades importantes de España, fueran o no capitales, ahora la cosa está empezando a cambiar. Y Zara ha sido una de las que más ha evidenciado este cambio. La cadena está dejando el centro de muchas ciudades de peso de nuestra geografía para centrarse en dos ubicaciones estratégicas: centros comerciales en la periferia (o en el centro si los hay) de ciudades, digamos, de segunda fila; y obviamente, las principales zonas comerciales de algunas de las grandes ciudades españolas, principalmente Barcelona y Madrid.

Apostar por el ecommerce puede ser muchos más rentable que abrir tiendas por todas partes

Esta nueva estrategia parte de una premisa que Inditex, como otras grandes cadenas de moda y de otros sectores, tienen muy clara: apostar por el ecommerce es mucho más rentable que abrir tiendas por todas partes. Hay sitios en los que hay que estar sí o sí. Por imagen y por el volumen brutal de tráfico que hay. Pero en muchas ciudades no hace falta tener tanta presencia. Es más, quizás ni haga falta estar. Los centros comerciales de la periferia bastan. O mejor aún, con el ecommerce también se puede cubrir esa zona.

Y claro, quienes en su día fueron los francotiradores del pequeño comercio tradicional, quienes llegaron al centro de cientos de ciudades españolas para cargarse miles de tiendas históricas, ahora que se van se les hecha de menos. Y mucho. Porque resulta que, con crisis y sin ella, quienes han generado tráfico en esas zonas, quienes han dinamizado el consumo allí donde se han instalado, han sido ellas. Y claro, si se van, la cosa se puede poden muy mala. Porque el consumo ya no es como el de antes. Ni en volumen ni en forma. Y el ecommerce aprieta. El suyo y el de grandes operadores como Amazon. Y ahí están, asociaciones de comerciantes pidiendo a los ayuntamientos que den facilidades (más) a estas megacompañías para que no se vayan. El mundo al revés.

Pero el futuro es implacable. Y pocas empresas, por no decir ninguna, toman decisiones con base emocional. Los negocios son los negocios, y nos guste o no, la estrategia de estas cadenas (que acabarán siguiendo algunas de nuestro sector) es lógica. Porque la impone el mercado. Porque la impone el consumidor.

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