• Opinión
  • 11 de Ene, 2018

OPINIÓN: Giro al centro, por Raul Bernat

No se preocupen, no voy a terminar el año hablando de política. Eso ya me cansa. Mi último editorial del año lo voy a dedicar a otro tema. Tan o más cansino. Y sobre el que ya he (y hemos) hablado muchas veces: Decathlon. Y como casi siempre, y aunque pueda molestar a más de uno, pocas cosas malas puedo decir de la cadena francesa. Al contrario.

De su papel en la promoción del deporte ya hemos hablado muchas veces y creo que nadie en su sano juicio puede negar la trascendencia que, en este sentido, ha tenido y tiene la cadena gala. En otros aspectos podemos verlo como un enemigo, pero en éste es obvio que ha sido el gran aliado del sector. Un aliado sin el cual a saber dónde estaríamos.
Al menos a nivel de práctica. Y a quienes crean que sin Decathlon venderían mucho más, basta con decirles que seguramente no tendrían a quien vender. Pero ese no es el tema.

De lo que me gustaría hablar esta vez es del cambio de estrategia radical que ha llevado a cabo Decathlon en lo que respecta a su política de ubicaciones. Seguramente animada por los buenos resultados de sus tiendas de pequeño formato interurbanas, la cadena francesa ha apostado fuerte por un nuevo formato hasta la fecha poco o nada explotado: las megatiendas en el centro de las grandes ciudades. Y en zonas comerciales de primer orden. Por si fuera poco, su primer desembarco en zonas urbanas de gran tráfico lo ha hecho a lo grande, abriendo no una, sino tres grandes tiendas en el centro de Madrid. Y no en cualquier sitio: en Fuencarral, en Ortega y Gasset, y en Princesa.Casi nada.

Este cambio de estrategia tiene poco que ver con el deporte. Muy poco. Básicamente porque en esas zonas comerciales el deporte hace tiempo que brilla por su ausencia. Apenas alguna gran cadena internacional, tienda monomarca de las de siempre y poco más. La calle es de la moda. Hace años que es así. Pero ahora llega Decathlon. Y su objetivo es, precisamente, luchar de tú a tú contra quien considera su principal enemigo. O su único enemigo.

Para la cadena gala su competidor más directo es la moda. Hace años que lo dice. Y no sólo porque ésta se haya puesto a vender deporte de un tiempo a esta parte; lo es, sobre todo, por lo que capitaliza. Porque controla gran parte del gasto de los consumidores. Y es a ese gasto al que quiere “atacar” Decathlon. Con todo.

Además, a diferencia de algunas grandes marcas internacionales, que pagan millonadas por estar en esta primera línea comercial, la apuesta de Decathlon no es pura imagen. No son tiendas de imagen. Son tiendas que quiere rentabilizar al máximo. Y lo hará. Como lo ha hecho en la Illa de Barcelona, una de sus tiendas más icónicas de España.

Pero que nadie piense que Decathlon se va a despistar apostando por la moda. No apuesta por la moda. Apuesta contra la moda. Y esa lucha, además, la puede simultanear -sin el más mínimo problema con su lucha en el deporte y con su expansión, con su formato habitual, en grandes zonas comerciales en el extrarradio. A Decathlon hace mucho tiempo que ha dejado de importarle –si algún día lo hizo- lo que pueda decir o dejar de decir el deporte. Se marca una estrategia y la sigue a rajatabla. Y pocas veces falla. Ahora falta ver si alguno de sus competidores en el canal deporte puede, también, seguir sus pasos “físicos”. Y por lo pronto, se me ocurre uno que no sólo puede, sino que, además, ya lo está haciendo. No todo el mundo puede estar en Sol…

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