• raqueta
  • 12 de Jul, 2017

Calidad, innovación y personalización: las armas de Rossignol para ganar terreno en el pádel

Como ya avanzó hace algunos meses Tradesport, la marca francesa Rossignol apuesta fuerte por el pádel. Este martes 11 de julio la marca francesa llevó a cabo la presentación oficial de su nueva colección pádel. Y lo hizo donde se fabricará la totalidad de las palas que lanza al mercado: la fábrica que la compañía tiene en Artés (Barcelona). La marca ha aprovechado su know how en la fabricación de esquís (la factoría catalana produce el 15% de los esquís que se venden a nivel mundial) para desarrollar palas con un alto componente tecnológico.

Durante la presentación de la nueva colección de palas, Rossignol dejó claro que el objetivo es posicionarse en el mundo del pádel con un producto de alta calidad e innovador. Estos valores añadidos serán el caballo de batalla de la marca para ganar terreno en un mercado sobresaturado de marcas. Su capacidad de producción será, sin duda, otro argumento de peso para posicionarse en este segmento: la capacidad de producir en función de la demanda permitirá a la marca francesa ahorrarse stocks y, con ello, evitará las problemáticas ligadas al sobrestock (básicamente de precio).

La apuesta de Rossignol también puede ser un paso al frente para la internacionalización del pádel. La marca quiere posicionarse en España (a través de su distribuidor Megasport) pero, lógicamente, como marca internacional, buscará ganar terreno en otros mercados, sobre todo en Europa. Su apuesta, en este sentido, puede ayudar a que el pádel se introduzca y gane protagonismo en mercados con potencial donde, sin embrago, este deporte aún es muy minoritario.

Sin prisas, pero sin pausa

Pese a ser plenamente conscientes de las ventajas que conlleva controlar la producción y, además, tener un producto de altísima calidad, tanto Rossignol como su distribuidor en España (Megasport) tienen claro que la apuesta es a medio y largo plazo. El pádel es un sector maduro, con una fuerte competencia, y el objetivo de la marca francesa es introducirse en este mercado de una manera progresiva. Sin prisas. Convertir a Rossignol en una marca aspiracional, sinónimo de calidad, de tecnología, de innovación. Una marca que no se devalúe en un mercado tan saturado y tan marcado por la guerra de precios.

¿Cómo marcar puntos de inflexión en un mercado tan competitivo?

Es obvio que, cuando un gigante como Rossignol decide apostar por el pádel es porque sabe, de sobras, que puede aportar algo nuevo. Diferente. Entrar en un mercado con 200 marcas sin innovar es un suicido. Y eso lo ha tenido claro Rossignol desde que Jordi Lladó, ingeniero de la fábrica de Artes, y Enric Casas, director de la factoría, presentaron el proyecto a la dirección.

Los responsables de este proyecto, en sus primeros pasos, tuvieron claro que podrían aprovechar, en la fabricación de palas de pádel, muchas tecnologías aplicadas a los esquís. Y las sinergias, rápidamente, empezaron a dar forma a una colección que no tardó en convencer a la casa madre, muy dispuesta a diversificar su oferta y que, viendo las cifras que mueve al pádel en España y su potencial en otros países, no dudaron en apoyar el proyecto que les llegaba de Artés.

¿Qué puede aportar Rossignol al mercado del pádel? Lladó lo resumió en varios puntos, todos ellos vinculados a la producción: Por un lado, las instalaciones de Artés permiten una fabricación 100% automatizada que, entre otras cosas, permite fabricar palas exactamente iguales; en segundo lugar, disponer de una fábrica propia permite tener un control mucho más exhaustivo de la calidad y, evidentemente, de la capacidad de producción, sin tener que stockar producto. Se fabrica a demanda, y eso, sin duda, implica múltiples ventajas a nivel de servicio. Por último, es obvio que la marca puede aportar al pádel todos los conocimientos adquiridos, en más de 100 años, en el mundo del esquí.

Y así lo ha hecho: las palas cuentan con varias tecnologías derivadas del esquí. Tecnologías que maximizan aspectos tan fundamentales como la ligereza, la resistencia, la potencia o el control de las vibraciones. “El 90% de los materiales utilizados en la elaboración de los esquís coinciden con los empleados en la fabricación de palas de pádel, y los procesos de fabricación son muy similares”, explica Lladó. ¿Si se ha revolucionado el esquí a nivel tecnológico, por qué no hacer lo mismo con el pádel?

Tecnología como arma de batalla

La primera colección de palas de la marca francesa está compuesta por 3 familias: Pro, con dos palas masculinas y una femenina; Advanced, con dos modelos para hombre y otros dos para mujer; y Game, con un modelo masculino y otro femenino. En total, 9 modelos destinados a marcar un punto de inflexión en un universo que cuenta con más de 200 marcas compitiendo. La colección, además, se ha diseñado bajo el concepto Fit Concept que permite personalizar las palas en función de tres variables que Rossignol entiende que son clave: el peso, la dureza de la superficie y la inercia. La sofisticada maquinaria con la que cuenta la compañía permite controlar al detalle estas tres variables y, así, poder diseñar que se adapten a la perfección a cada jugador. Personalización como valor añadido.

Con la ayuda de Pablo Ayma, ex jugador, entrenador y uno de los personajes más conocidos y queridos del pádel, la marca ha desarrollado hasta 4 patentes para dotar a sus palas de una funcionalidad sin precedentes. Una tecnicidad que queda patente en el golpeo, con las tecnologías, con el Extended Sweet Point como estandarte, así como en la construcción de su estructura (Double Power Frame, Carbon Double Power Frame, Reversed Arch o el Extra Long Life graphics & Resistance, que ofrece una resistencia tres veces mayor que la de cualquier marca del mercado) y a la construcción de la superficie de la pala (donde se recurre a materiales como el carbono, la fibra de vidrio o la EVA -en distintas densidades-).También destaca, a nivel tecnológico, el uso del V.A.S (Vibration Absorbing System), un sistema para reducir las vibraciones en el golpeo y que, como otras tecnologías, está “importado” de los esquís de la marca.

En cuanto a los precios de venta, la horquilla se situará entre los 175 y los 275 euros. El precio, señalan desde la marca, es “muy bueno teniendo en cuenta la calidad y la diferenciación que aporta la marca”. El reto, en un universo como el del pádel, es que se respeten estas franjas. Y, como hemos dicho, el hecho de que Rossignol tenga claro que no fabricará más de lo que el mercado demande, es una gran ventaja para “aguantar” los precios. Sin sobrestock, sin masificación, sin necesidades de liquidar (por parte dela marca y de la tienda), el precio no cae.

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