• agua
  • 08 de Dic, 2008

Los bañadores de competición, bajo sospecha

Nero Blueseventy. Ese es el nombre del nuevo bañador que amenaza con encender una revuelta en la natación internacional. Cinco récords del mundo han caído en el último mes en pruebas de la Copa del Mundo por parte de nadadores que tuvieron un papel secundario en los JJOO de Pekín, levantando al mismo tiempo las suspicacias en torno a los materiales del bañador con el que compiten, una variante del traje de neopreno que se utiliza en pruebas de triatlón.

Desde que, en marzo del 2007, Speedo hizo el lanzamiento mundial de su bañador LZR Racer, diseñado con ayuda de la NASA, y que es el que utiliza la selección española, la natación vive una peligrosa espiral con las grandes marcas como Arena, Mizuno, TYR o Adidas, metidas de lleno en una batalla tecnológica por mejorar sus productos.
De momento, esta pasada semana un grupo de entrenadores europeos ha hecho llegar una carta a la LEN (Liga Europea de Natación), antes de la disputa este próximo fin de semana del Europeo en piscina corta en Rijeka, para que lo prohíba ante las sospechas de que entre los componentes con el que está hecho se encuentra el neopreno, un producto que ayuda la flotabilidad, según publicaba en los últimos días Craig Lord en The Sunday Times.
La Federación Internacional de Natación (FINA), ante las presiones internacionales que está recibiendo, ya ha anunciado una reunión para el próximo mes de febrero en la que se replanteará los criterios de homologación de los bañadores.

Esa guerra ya ha causado algunas bajas, como la de Nike, que ha renunciado a seguir invirtiendo en este deporte. También daños colaterales como la pérdida de contratos de patrocinio como los de la federación italiana, que rescindió su acuerdo con Arena. Y podría incluso hacer replantarse la situación a Adidas, la firma que marcó el punto de partida de esta nueva etapa con el traje entero con el que vistió al ya retirado campeón australiano Ian Thorpe.

Dominio abrumador
La laxitud de la FINA a la hora de homologar los materiales de los nuevos bañadores, la ausencia de un organismo independiente para validarlos --dependen exclusivamente de la FINA-- y los comentarios malintencionados sobre un trato de favor a Speedo, una de las firmas patrocinadoras de la federación internacional, solo ha hecho en los últimos meses que alimentar la polémica.
El dominio de Speedo se ha extendido en las competiciones internacionales de forma avasalladora. En el aluvión de récords rebajados en el último año, 70 de las 90 plusmarcas mundiales han sido logradas por nadadores que utilizaban el LCR. Y también el 89% de la medallas logradas en el Water Cube, en los Juegos Olímpicos de Pekín.

Competiciones limpias
La aparición del LZR ya desató la protesta de firmas como la italiana Arena, al considerar que el material utilizado por Speedo mejoraba la flotabilidad. Según los responsables de la firma británica, la tecnología LZR lo único que hace es reducir la vibración del músculo del nadador gracias a una cuidada compresión que facilita la sustancial mejora de las marcas. Esa es también la vía que han seguido el resto de compañías para diseñar sus propios modelos.
Un emergente coro de voces se están levantando en la natación mundial contra la permisividad de la FINA, que puede vulnerar la limpieza de las competiciones y constituir una forma de dopaje tecnológico. Algunos de los responsables de la natación de EEUU y Australia ya se han manifestado públicamente en contra de los nuevos bañadores, solicitando que se permitan solo los que cubren hasta la rodilla y no superen el hombro.

 

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