• Opinión
  • 10 de May, 2018

OPINIÓN: Proteger el fuerte, por Raul Bernat

A menudo, en las guerras, hay quien se empeña en luchar aunque la victoria sea imposible. Las guerras son así. Irracionales. Imprevisibles. Y casi siempre, innecesarias. El deporte está curtido de librar guerras. Y casi siempre sabiendo que tiene las de perder. Decathlon es un buen ejemplo de ello. Y la mujer, más de lo mismo. Y en ambos casos se ha cometido el mismo error: creer que se podía luchar con las mismas armas… sin tenerlas.

De Decathlon ya hemos hablado muchas veces. Demasiadas. Intentar copiar modelos sin tener capacidad de hacerlo ha dejado muchos daños colaterales por el camino. Y algunos siguen erre que erre mirando con lupa a la cadena francesa para replicar su modelo. En mujer, más de lo mismo. Cuando la parte más técnica apenas tenía protagonismo (y no hablamos de hace tanto), el deporte creyó que la moda deportiva era la panacea. Y quizás lo era, pero volvió a hacerlo mal. Porque intentó luchar de tú a tú contra un universo infinitamente más preparado, más ágil y, sobre todo, que conocía mejor al consumidor. Y lo hizo, además, sin cambiar su carácter excesivamente masculino y olvidándose por completo que el target importante era la mujer. Y siempre lo ha sido.

Con el tiempo, y con la crisis, las cosas cambiaron. Mucho. Y el deporte tuvo que reaprender. Tuvo que empezar a buscar nuevos caminos para no quedarse estancado. Y tuvo la gran suerte, porque fue suerte, de que la crisis disparó la práctica de algunos deportes. Y lo que se perdía en moda deportiva, se recuperaba con lo atlético. Y el deporte empezó a entender, poco a poco, que en su campo tenía ventaja. Que en lo técnico jugaba con ventaja. Que esa guerra podía ganarla.

La moda no se atreverá, por ahora, a lanzar colecciones de calzado técnico, pero en textil, o mucho cambian las cosas, o seguirán ganando terreno a pasos agigantados.

Pero volvió a tropezar con la misma piedra. Descuidó a la mujer. Creyó que en lo atlético la tenía atrapada y no fue capaz de ver que, por atrás, y a gran velocidad, la moda iba llenando vacíos. No, no se atrevían con unas zapatillas de running, con una chaqueta ultratécnica para trekking o con una bici. Pero sí tenían claro que había oportunidades que, salvo excepciones, el deporte estaba dejando escapar. Y casi todas tenían a la mujer como epicentro. Primero fue el fitness, luego el running y más tarde el esquí. Y lo que vendrá. No osarán, por ahora, lanzar colecciones de calzado técnico. No es su guerra.

Demasiados esfuerzos en I+D seguramente. Pero en textil, o mucho cambian las cosas o seguirán ganando terreno a pasos agigantados. Sí, seguramente a quien menos gracia le haga sea a Decathlon, pero el deporte en general verá cómo se va alejando la posibilidad de atraer a la mujer. Y aunque por ahora sólo sea el textil y, muy puntualmente, algo de calzado y accesorios, o empezamos a defender lo nuestro o tarde o temprano, quien tiene claro el papel clave de la mujer, nos acabará robando más protagonismo. Y lo nuestro no es solo aquello en lo que aún no se atreve la moda; lo nuestro también es todas esas colecciones textiles que muchas marcas se han esforzado en construir y cuya acogida en el canal ha dejado mucho que desear. Y no por culpa de las marcas. Más bien por cómo es el canal.

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