• Opinión
  • 01 de Feb, 2018

Opinión: Contacto

Darse la mano. Hablar mirándose a los ojos. Conociendo los gestos y los tonos. Acostumbrarse a un chascarrillo, a una sonrisa o, incluso, a una voz. Eso jamás lo va a cambiar ni un teléfono. Ni un ordenador. El contacto directo, frente a frente, siempre es y será necesario. En las relaciones personales y, también, en las laborales.

La tecnología nos ha dado nuevas herramientas para comunicarnos entre nosotros. Estemos donde estemos. Los que están lejos, aun estándolo, parecen estar muy cerca. Encontrarse es más fácil que nunca. Y rápido. Una llamada, un whatApp, un mail… Y a veces, muchas veces, esta facilidad se convierte en distancia. Y lo mismo pasa en el trabajo. Con nuestros contactos.

Las nuevas herramientas nos han dado infinitas posibilidades para comunicarnos. Han mejorado enormemente nuestras relaciones a distancia. Los tempos. Pero no nos engañemos, han enfriado el contacto. Lo han reducido a palabras escritas o, si hay urgencia, a una llamada. Menos visitas. Menos salidas. Menos manos estrechadas. Sí, quizás ganamos en eficiencia y en rapidez, pero en el camino se queda esa parte humana que ninguna de esas herramientas tendrá jamás. Y los que están cerca, aun estándolo, parece que estén muy lejos.

La clave de nuestras relaciones la tiene un pequeño aparato, supuestamente inteligente, del que muy pocos podemos prescindir

Y sí, es verdad que podemos sacar mucho partido a las nuevas reglas del juego en comunicación. Y también es verdad que esas mismas herramientas han transformado radicalmente, no solo la manera de relacionarse entre empresas, también (o sobre todo) la manera con la que las empresas se relacionan con sus clientes. Con los consumidores. Cómo hablan con ellos. Y cómo les venden.

Han cambiado el cómo, el dónde y el cuándo. Los canales tradicionales se han convertido en eso, en tradicionales, con todas las acepciones negativas que puedan arañarse al término. Pero, aun siendo tradicionales, están y estarán allí. En otras formas, quizás. O con otros dueños. Pero ningún canal es sustitutivo. Ni los nuevos. Son complementarios. Porque el contacto directo, frente a frente, siempre es y será necesario.

La sociedad punto 0 es una sociedad cada vez más deshumanizada. En todos sus niveles. La clave de nuestras relaciones la tiene un pequeño aparato, supuestamente inteligente, del que muy pocos podemos prescindir. Y no creo que haya que hacerlo. Pero a veces es necesario compartir algo más que un tiempo. Hay que compartir espacios. Encontrarse, reencontrarse o conocer. Hablar mirándose a los ojos. Vender mirándose a los ojos.

Y oportunidades hay muchas. Casi infinitas. Una comida con clientes, una visita anunciada o sin anunciar, una feria, una convención, una jornada de networking. A veces basta, simplemente, con ir. Y hablar cara a cara con la gente. Con el sector. El contacto directo, frente a frente, siempre es y será necesario

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