• Opinión
  • 15 de Nov, 2017

OPINIÓN: Más acción, por Raul Bernat

Durante los años de la crisis el deporte ha crecido espectacularmente. Tampoco era demasiado difícil viniendo de donde veníamos, con índices de práctica deportiva que harían sonrojar a medio mundo. Pero el deporte creció con la crisis. Gracias a ella. Como en otros muchos casos, logró pescar en rio revuelto sin hacer absolutamente nada. A la espera.

Deportes como el running y el bike dieron un salto cuantitativo muy importante por las circunstancias socioeconómicas y los cambios en los hábitos de consumo y de ocio de los españoles, no porque el deporte hiciera una campaña de promoción. Evidentemente que aprovechó, y muy bien, el repunte de estas y otras modalidades, pero lo hizo subiéndose a un barco que ya estaba en marcha. Y que llevaba una buena velocidad de crucero.

El reto mayúsculo empieza ahora. Los índices e práctica deportiva se han maquillado bastante, pero por nuestro clima y nuestro entorno geográfico, aún estamos lejos de lo deseable. O de lo lógico. El deporte ha ganado adeptos, pero los índices de sedentarismo apenas han cambiado. Como tampoco han cambiado las graves consecuencias que este sedentarismo pueden representar para el ya de por sí débil estado del bienestar.

Llegados a este punto, el deporte debe reaccionar. La crisis se va superando poco a poco y, aunque con contratiempos, el consumo vuelve a repuntar. ¿Eso es bueno o malo para el deporte? Tenerse que plantear esta pregunta ya es de por sí significativo. Y triste. Pero además no es fácil de responder. Por un lado, es obvio que el repunte del consumo beneficia a esa parte del deporte más vinculada a la moda, al sportwear. Con la crisis, este universo fue de los que más sufrió y su recuperación, lógicamente, es un importante alivio para el sector.

Pero, ¿y para la parte más técnica? Con la capacidad de gasto espectacularmente reducida, un porcentaje muy importante del ocio lo ha monopolizado el deporte. Por su accesibilidad, su asequibilidad y, claro está, por sus múltiples beneficios a nivel de salud. Correr, ir en bici, jugar a pádel o escaparse a la montaña se ha convertido en algo habitual, casi imprescindible, para mucha gente. Muchísima. Y el sector ha crecido con ello. Dicen que lo importante no es llegar, sino mantenerse. Y ese es el reto para esa parte más atlética del sector. Con la crisis superada, sólo dependerá del deporte conseguir que el deporte no vuelva a retroceder donde estaba hace apenas una década. Y no será fácil, porque, como hemos dicho, en demasiadas ocasiones hemos conseguido crecer sin hacer excesivos esfuerzos. Pero ahora toca mantenerse. Aguantar las cifras que se han conseguido en los últimos años. Y, como ya se está viendo, no será fácil. Y no lo será, entre otras cosas, porque para variar hemos exprimido en exceso nuestras oportunidades.

Ahora toca arremangarse. Toca bajar a la arena. Trabajar. Y hacerlo juntos. Deportes como el running, el pádel, el outdoor o el bike tienen que adaptarse a una nueva realidad donde las cosas no son tan fáciles. Y probablemente van a complicarse. El margen de crecimiento, viendo los índices de práctica deportiva, sigue siendo suficientemente amplio como para que las marcas no pierdan su optimismo, pero las posibilidades de perder lo ganado estos años también son lo suficientemente reales como para que espabilen. Que estos deportes, como mínimo, se mantengan, depende de ellas.

Son las marcas, con la ayuda y/o complicidad de las administraciones, quienes tienen la obligación moral (por la cuenta que les trae) de impulsar estrategias, no solo para que la gente siga corriendo o yendo en bici sino, sobre todo, para que quienes no lo han hecho nunca, empiecen a hacerlo. Hay que pasar a la acción.

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