• Actualidad Nacional
  • 20 de Jul, 2017

Open Camp podría cerrar este 31 de julio

El parque temático del deporte Open Camp, que abrió hace un año en el Anillo Olímpico de Barcelona, podría cerrar puertas el próximo 31 de julio. Dentro de poco más de una semana. La amortización de la gran inversión inicial, ingresos menores de los previstos y escaso apoyo municipal tras el relevo político en el consistorio barcelonés han dejado el proyecto en números rojos. Si no ocurre un milagro de última hora –en forma de rescate municipal o de nuevo socio inversor–, la oficialización de la quiebra es inminente.

El proyecto cuenta con el respaldo del COI y es el único parque temático del mundo dedicado al deporte. Ofrece a los visitantes una veintena de experiencias de ocio deportivo, con simuladores de tecnología avanzada y de una gran variedad de disciplinas. En los meses que ha estado en funcionamiento ha generado 252 puestos de trabajo fijos directos e indirectos, que tras un discreto ERTO se han reducido a 105, la mayoría jóvenes.

Los promotores de Open Camp acordaron en 2014 con el ejecutivo de Xavier Trias el arrendamiento de la mayor parte del estadio Lluís Companys durante cinco años, prorrogables a cinco más. Debía abrir en 2015 pero finalmente lo hizo en junio de 2016. El presupuesto total del proyecto superaba los 14 millones de euros y el canon anual acordado con el ayuntamiento fue de 950.000 euros, más un pequeño porcentaje de los ingresos complementarios. Actualmente está en preconcurso de acreedores al no haber logrado esta primavera captar nuevos socios para reflotar las cuentas.

Es una iniciativa de raíz privada –con 9,2 millones de capital mayoritariamente barcelonés y catalán y 2,2 millones en préstamos bancarios–, aunque también cuenta con 2,7 millones de financiación estatal. Según la empresa, la Generalitat de Catalunya puso 100.000 euros específicamente para contratación, pero el conseller Felip Puig “comprometió 2,5 millones a condición que el Ayuntamiento de Barcelona aportara otros 2,5”, lo que finalmente no se produjo.

A diferencia de los inquilinos esporádicos del Anillo Olímpico, el contrato mercantil con la macroempresa municipal B:SM exigía a Open Camp una inversión previa de 7,8 millones de euros para la puesta al día y mejora del estadio. La inyección se ha traducido, por ejemplo, en la instalación de fibra óptica, nueva megafonía, un centro de control y seguridad, paneles informativos en el exterior, un restaurante panorámico y el repintado de las gradas.

Monitores –formados con la ayuda de cada federación deportiva– acercan al usuario a la técnica y práctica profesionales del baloncesto, el boxeo, el atletismo, el motociclismo, el béisbol… y por supuesto también del fútbol. El deporte rey cuenta con un simulador muy sofisticado, llamado Open 360. Ha sido ideado por empresas catalanas y portuguesas, ya lo utiliza el Benfica para complementar sus entrenamientos e incluso el mediático José Mourinho se habría interesado por importarlo a Inglaterra en su nueva etapa como técnico del Manchester United.

Paco Medina, fundador y director general de Open Camp, estima que el funcionamiento ordinario del parque temático ronda los 4,5 millones de euros de coste anual. El estadio tiene más de 1.200.000 visitantes al año, pero solo el 13% aproximadamente compra entrada y se adentra en el circuito de experiencias. El mirador al césped del estadio es de libre acceso, igual que la cafetería y dos pequeñas tiendas anexas.

Según la empresa, la afluencia no ha dejado de crecer y hoy por hoy cada día de apertura vende unas 750 entradas. Aunque el tíquet estándar de adulto cuesta ahora 20 euros –ocho menos que cuando se estrenó–, gran parte del público goza de descuentos por edad, situación social o acceso en grupo, de forma que el precio medio real de las entradas se sitúa en 12,5 euros.

Además, la actividad debe conciliarse con los eventos que sigue acogiendo el recinto, como conciertos y festivales, durante los cuales Open Camp no está autorizado a abrir al público. “Solo hemos podido abrir 214 días”, lamenta Medina. “No es solo la noche del espectáculo: el montaje de un gran concierto, como el de U2 por ejemplo, dura 20 días... Así es muy difícil dar estabilidad laboral a la plantilla”, señala. “Y encima estos grandes eventos utilizan gratis las mejoras que hemos hecho, como el restaurante o los paneles”, critica.

“Estamos muy dolidos y quemados con el ayuntamiento”, reconoce Medina. Cita pequeñas decepciones continuas, como celebrar los 25 años de las Olimpíadas en Barcelona en vez de hacerlo en un escenario real de los juegos como Montjuïc, o los planes de crear un clúster del deporte en el 22@ en lugar del Anillo. “No hemos pedido que nos subvencionen, solo que nos ayuden a dar a conocer el parque”, añade el director general.

El consistorio apunta a la falta de viabilidad del proyecto
El consistorio barcelonés lamenta la situación económica del proyecto, pero recuerda que la empresa no ha abonado la totalidad del canon de 2015 ni el de 2016. Es más, fuentes de B:SM sostienen que “los ingresos obtenidos de Open Camp en estos años son inferiores a la fianza de 170.000 euros que se les reintegró en 2016 para pagar nóminas” en un momento crítico de tesorería, que debían retornar en junio de 2017 “y no han devuelto”. También señalan que han accedido a realizar varias adendas al contrato inicial para dar estabilidad al proyecto, como una ampliación de la duración del alquiler hasta noviembre de 2020, una prórroga automática o el aplazamiento de 650.000 euros del canon de 2016 en forma de reconocimiento de deuda.

Frente a la acusación del promotor de falta de apoyo municipal, aseguran que la deuda con la ciudad “solo representa el 14,61% de la deuda ordinaria total y el 8,45% de la masa concursal, que asciende a 16 millones de euros”. “Si finalmente debe cerrar no será a causa del ayuntamiento, que es un acreedor menor en el total de la deuda, sino de la falta de viabilidad del proyecto”, defienden las mismas fuentes.

En cuanto a la eventual ‘herencia’ que recibiría la ciudad, sostienen que buena parte de la inversión realizada responde a las necesidades y la tecnología del parque, por lo que “las mejoras útiles que quedarían en el estadio, como la fibra óptica o el repintado de las gradas, solo suponen 1,4 millones”. Rechazan, además, que fuera viable legalmente entrar en el accionariado de la empresa o adquirir grandes cantidades de entradas para colectivos vulnerables. “No se puede ser arrendatario y de repente también accionista o cliente principal, sería una modificación substancial del contrato que podría incurrir en ilegalidades, como nos han advertido hasta tres informes jurídicos internos y externos”, apuntan. “No puede ser declarado de interés público… si no interesa al público”, zanjan.

Mientras se resuelve el proceso concursal el Ayuntamiento de Barcelona declina aventurar planes de futuro para el estadio, en caso que Open Camp cerrara definitivamente a finales de mes. Aunque se quedara sin el parque, asegura B:SM, el Anillo Olímpico “no es una carga económica” para la ciudad “ni está en desuso”, “como demuestran los eventos internacionales que acoge compitiendo con muchas otras ciudades del sur de Europa”.

El promotor recrimina la escasa sintonía política
Deudas a parte, la escasa sintonía ideológica del actual gobierno barcelonés con el proyecto no es ningún secreto. De hecho, el programa electoral de Barcelona en Comú ya citaba Open Camp como uno de los “proyectos contrarios al bien común” que la formación aspiraba a “detener o revisar” por su “ánimo de lucro”. Lo equiparaba a otros proyectos del anterior mandato como el hotel en la Torre Deutsche Bank, la pista de esquí indoor anunciada en Zona Franca o la Marina de lujo del Port Vell.

El director del parque, Paco Medina, compara la “difícil relación” con el ejecutivo de Colau y Collboni con los apoyos recibidos por parte de federaciones deportivas, oenegés internacionales, instituciones catalanas y españolas, dos exalcaldes de Barcelona y destacados integrantes del COI. Asegura que los representantes sindicales de la plantilla también le apoyan (CCOO, UGT y CGT) y que 16 ciudades se han interesado por el proyecto para replicarlo. “He recibido a alcaldes de todo el mundo, pero no a la de mi ciudad, es kafkiano y paradójico”, insiste. “Es muy injusto que tengamos que cerrar”, lamenta.

fuente: lavanguardia.com

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