• Actualidad Nacional
  • 19 de Jul, 2017

Opinión: De capturar a merecer datos, por Andrés de la Dehesa

No somos demasiado conscientes de la cantidad de datos que generamos diariamente cada uno de nosotros, y enfatizaría, que cada día regalamos. Nuestros hábitos cotidianos dejan una especie de huella digital –traza- que aporta a unos pocos un conocimiento muy ventajoso.

Desde que encendemos nuestro móvil cada mañana –sí, todavía quedan personas como yo que lo apagamos al irnos a dormir-, y se conecta con el operador que hayamos contratado, hasta cuando intercambiamos un mensaje por cualquiera de los sistemas archiconocidos, estamos generando datos.

La importancia de algunos de esos datos es muy relativa, pero al agregarse, se convierten en eso, tan de moda, denominado Big Data. Es en ese momento cuando nuestros datos ya empiezan a adquirir relevancia para algunos… Google, Amazon, Facebook, Instagram…

Estas grandes empresas capturan datos gratuitamente todos los segundos del día, en cualquier lugar del planeta, y la cuestión es, a cambio de qué, simplemente porque nos aportan determinados servicios gratuitos... Ya no es suficiente, los consumidores estamos adquiriendo consciencia del valor de nuestros datos, y unos pocos ya nos planteamos si verdaderamente se los merecen gratuitamente, para después intentar vendernos de todo y en cualquier momento.

Lo paradójico es que después, en una tienda de proximidad de cualquier sector, me da igual si es una panadería, una farmacia o una tienda de deportes, nos piden nuestros datos y no acaba de gustarnos si no es muy evidente lo que nos dan a cambio.

A modo ilustrativo, este cambio es equiparable al que protagonizamos cambiando toda nuestra documentación en papel a tenerla en bytes. Para los escépticos, las fotos también cuentan.

Claro, el acceso digital a nuestra “intimidad” es menos evidente, menos agresivo… pero infinitamente más intrusivo.
Habrá que “logarse” más a menudo en el mundo de las personas y las tiendas para que tengan posibilidades reales de competir de igual a igual, porque las marcas y detallistas que no conozcan a sus consumidores o no se ocupen de entenderlos, se quedarán sin ellos.

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