• Actualidad Nacional
  • 28 de Jun, 2017

Opinión: Moverse, por Raul Bernat

Dicen que el futuro no existe. Que lo que nos viene es un presente que avanza a una velocidad de vértigo. Y dicen, también, que quien no es capaz de adaptarse a este ritmo estrepitoso tiene las de perder. Desaparecer. Y seguramente no les falte razón.

En los últimos meses hemos visto como desde todos los bandos nos advertían de la necesidad de construir bases de datos, de tener muy claro quién y cómo es nuestro consumidor, de que el futuro, sí o sí, ya no pasa por la multinacanalidad, sino por la omnicanalidad. Y que existen miles de herramientas a nuestro alcance para mejorar nuestros procesos, nuestra relación con el consumidor y nuestra capacidad para ofrecerle, a ese consumidor, una experiencia de compra suficientemente atractiva para, como mínimo, fidelizarlo. Y todo eso que nos dicen una y otra vez es cierto. Tan cierto como que no todo el mundo tiene capacidad para coger esa velocidad y tan cierto como que en la relación entre marcas y tiendas hay pasos tan o más importantes que deben darse para que, sobre todo determinado perfil de tienda, pueda coger aire.

El futuro pasa, inevitablemente, por conocer al consumidor.
Pero ¿de qué nos sirve conocerle si, después,
no podemos ofrecerle lo que podría atraerle a nuestras tiendas?

El futuro pasa, inevitablemente, por adaptarse al ritmo del consumidor. Y eso, obviamente, es imposible si no le conocemos. Pero ¿de qué nos sirve conocerle si, después, no podemos ofrecerle lo que podría atraerle a nuestras tiendas? No nos engañemos, el gran reto de muchas tiendas no pasa, al menos a corto plazo, por potenciar la llamada omnicanalidad o por agilizar determinados procesos (que también), sino que más bien pasa por conseguir tener una oferta que le permita dar esos pasos con cierta seguridad. Y de ello depende mucho su capacidad para asumir riesgos y buscar aliados que sepan impulsar sinergias y trabajar codo a codo para crecer.

Las grandes juegan en otra liga. Ellas sí tienen capacidad más que suficiente para poner en marcha cualquier estrategia que les ayude a vender más y, sobre todo, a ganar más. Y lo están haciendo. Y seguirán haciéndolo. Su prioridad, ahora, es estrechar los vínculos con el consumidor, y aunque siguen apoyándose en el canal, sobre todo en las grandes cuentas, cada vez hay más marcas que tienen claro, clarísimo, que hay un perfil de tienda que ya no le aporta nada en este sentido. Y que es mucho mejor, y mucho más rentable, saltarse el intermediario y llegar directamente al consumidor. Y no es, ni mucho menos, nada censurable. Es una necesidad. Una necesidad a la que han llegado, también, por la inoperancia de muchas tiendas. Tiendas que, además, siguen obcecadas en apostar por estas marcas a la vez que las crucifican. Y mientras, a su alrededor, voltean marcas que podrían resultarles muy rentables si tuvieran el valor de apostar por ellas.

Al final, sólo se trata de eso. De arriesgarse. En oferta, en estrategias, en nuevos canales, en nuevas herramientas… Quedarse quieto le convierte a uno en un blanco perfecto. Y en un sector con tantos cazadores, no es precisamente la mejor opción.

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