• Opinión
  • 21 de Dic, 2016

Menos lobos. El editorial de Jaume Ferrer

Después de una complicada campaña invernal, el Outdoor acaba de arrancar las programaciones de verano con bastantes incógnitas. Crisis aparte, su excesiva dependencia a las condiciones climatológicas y el poco peso que tiene este segmento en los meses de calor (especialmente en textil), generan muchas dudas a un universo que parecía haber recuperado cierto impulso.

En este contexto, arranca la última edición de la feria OutDoor de Friedrichshafen que se celebrará en julio, tras la decisión de sus organizadores –a petición de la industria- de adelantar un mes sus fechas. A efectos prácticos, que se celebre en junio no cambia excesivamente las cosas. En la feria poco se programa y, en teoría, el calendario habitual para el comercio apenas va a cambiar. Las marcas líderes de textil outdoor, que han propiciado este cambio, ganarán algunos días en sus programaciones y el comercio podrá comparar antes la oferta. Y poco más.

Donde desde luego no va a notarse el cambio es en la afluencia de tiendas españolas a la feria. Estoy seguro que este año, de nuevo, no superarán la veintena de comercios. Si en julio ya es complicado que las tiendas se acerquen a las ferias, en junio el comercio español apenas acaba de empezar la campaña estival…y difícilmente puede evaluar cómo le va a ir la campaña. Seguro que el próximo año tampoco nos vamos a llevar una sorpresa y difícilmente este cambio de fechas se traduzca en más detallistas españoles paseando por los pasillos de la feria. Y no es, ni mucho menos, un problema del modelo. Ni siquiera de la ubicación: las marcas de montaña y, en especial, las de escalada, tiene un grave problema con el modelo de tienda que hay en España. El Outdoor vive un momento relativamente bueno en cuanto a practicantes, pero cada vez hay más comercios que se rinden. Algunos de ellos, históricos. Y no es difícil entender el por qué. Hay modalidades que siguen teniendo mucho tirón y a nivel de práctica la dinámica es positiva. Las ventas, sin embargo, no reflejan este movimiento, sobre todo si las analizamos desde un punto de vista menos global.

Algunos dirán que España, por sus condiciones climáticas, no es un mercado donde el Outdoor pueda tener un gran peso ni una gran progresión teniendo en cuenta que en la mayoría de mercados el textil invierno es el que tira del carro. Sin embargo, hay algunos aspectos que ponen en duda esta teoría, especialmente dos: el buen comportamiento del calzado y, sobre todo, la evolución y la cuota de mercado que tiene Decathlon en España, donde Quechua es la marca estrella en sus ventas totales.

En relativamente pocos años la cadena gala ha conseguido monopolizar las ventas de targets tan importantes como el niño o la mujer y, también, controlar con contundencia las gamas bajas y, medias. Y probablemente sea este poder, y no el sol, lo que dificulta que se hagan fuertes las cadenas y lo que impide que se abran nuevos comercios especializados (o que acaben cerrando algunas tiendas históricas). Al final, más allá de Quechua hay un mercado relativamente pequeño y muy saturado. Un mercado vivo, dinámico en oferta, pero donde es muy complicado, con la distribución que queda, abrirse hueco… y muy fácil sufrir.

La primera mochila la vende Quechua… y la segunda también.

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