• Opinión
  • 20 de Dic, 2016

El Dorado. La opinión de Raul Bernat

El pasado 21 de agosto los Juegos Olímpicos de Rio bajaron el talón tras 16 días donde el deporte fue el centro de atención de medio mundo. El deporte y todo lo que le rodea, marcas incluidas. Supongo que las ingestas cantidades que las grandes del deporte se han gastado en estos Juegos les habrán dado la rentabilidad esperada. O no. No siempre ese es el fin. Pero no eso de los que me gustaría hablar hoy. Prefiero centrarme en el medallero.

España ha saldado su paso por Rio con un total de 17 medallas. 7 de oro, 4 de plata y 6 de bronce. Desde el CSD el balance se resume en un “muy satisfechos”. No sé muy bien si las expectativas, después de Londres, eran más bien pesimistas o si las ambiciones del Consejo son muy bajas, pero , sinceramente, a mí me parece un botín muy triste, sobre todo si nos comparamos con países como Holanda (19), Italia (28), Francia y Alemania (42) o Reino Unido (67). Además, muchas de estas medallas, más que previsibles, las han logrado deportistas que ni siquiera entran en las “ayudas” del CSD. Jamás se me han dado bien las matemáticas, pero si hacemos una simple regla de tres en la que tengamos en cuenta la inversión que ha se ha hecho en deporte profesional (y no me refiero solo al plan ADO) y los resultados obtenidos (en estos Juegos y en otros campeonatos), lo de “muy satisfechos” todavía me parece más atrevido.

No tengo la más mínima intención de poner en duda la política del CSD en cuanto a inversiones en deporte profesional, pero si que me parece obvio que el desfase que hay entre lo que se gasta en intentar conseguir medallas y lo que se gasta en promocionar el deporte es, cuanto menos preocupante. Y quizás ambas cosas estén más relacionadas de lo que muchos creen. El hecho de que países con muchos menos habitantes que España, o con cifras parecidas pero condiciones mucho peores, tengan muchas más medallas que nosotros tiene mucho que ver en la cultura deportiva que hay en cada uno de estos países. Una cultura que está a años luz de la nuestra. Y en ello, lo siento, tienen mucha culpa quienes dirigen el mundo el deporte en España, ya sea desde el Ministerio pertinente como desde las instituciones creadas para ello.

Sin dejar de invertir en el deporte profesional, quienes mandan deberían hacer un esfuerzo para entender que, sin deporte de base, no hay cultura deportiva, y sin cultura deportiva, no hay resultados. El deporte amateur ha crecido mucho en España en los últimos años, es cierto, pero no ha sido precisamente gracias a los políticos. Más bien ha sido por culpa de la crisis que han provocado ellos. Ya no es solo un tema de cultura. Ni siquiera de sanidad. Es una cuestión de sentido común. No soy quien para analizar los costes y beneficios de cada una de las medallas que se han logrado, pero es obvio que la rentabilidad está muy por debajo –aunque sea a medio y largo plazo- de la que se obtendría si los políticos entendieran que, en el deporte, hay vida –y muchas necesidades- más allá de lo estrictamente profesional. Y que invertir en deporte amateur es invertir en muchas más cosas que en oro, plata o bronce.

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