• Opinión
  • 12 de Dic, 2016

Sin excusas. La opinión de Raul Bernat

El sector deportivo siempre ha sido muy propenso a buscar excusas. A buscar culpables por todas partes sin mirar, antes, si las cosas se han hecho bien en su propia casa. Lo más fácil, para muchos, siempre ha sido señalar enemigos para sacudirse culpas. Un día es Decathlon y al día siguiente es Internet, pero siempre se encuentra una razón para justificar un mal resultado.

Demasiada gente, especialmente entre la distribución, defiende a pies juntillas, y sin ningún tipo de autocrítica, que sin Decathlon, sin Internet o sin los outlets, las cosas irían mucho mejor. Gran teoría. Si fuera por algunos aún tiraríamos de palomas mensajeras para comunicarnos entre nosotros.

Culpar a los demás de todos nuestros males sirve de muy poco. Llevemos razón o no (hay críticas que pueden ser, hasta cierto punto, justificadas). Mientras perdemos el tiempo señalando culpables la noria sigue girando. Y son precisamente estos señalados quienes la hacen girar. Y rápido. Es innegable que la competencia, como las crisis, puede ser un campo de oportunidades, pero también lo es que ese campo está lleno de minas. Y la clave es aprender a esquivarlas o, si somos más atrevidos, a desactivarlas.

Sobre cómo hacerlo no tengo ni la más remota idea. Imagino que dependerá de muchos factores, muchos de ellos relacionados con la gestión y otros tantos con la historia –y la gente- que haya detrás de cada empresa. Pero lo que sí sé seguro es que no sirve de nada ni resignarse ni ver gigantes donde hay molinos. Culpar de todo a las marcas, a Internet, a las condiciones de unos y otros, a los outlets, a Decathlon o a cualquiera que nos convenga, no sirve de nada. Como dice esa mítica frase de Vito Corleone, no es nada personal, son negocios. Y es evidente que las empresas, todas, harán lo que crean mejor para mejorar sus resultados. Caiga quien caiga.

El poder, hoy, lo tiene el consumidor, y las empresas tienen que redefinir todas sus estrategias entendiendo este cambio de poderes. Y entendiendo, también, que para responder a sus exigencias tiene a su alcance miles de herramientas que no pueden ignorar. No se trata de futuro, sino de presente. Y son muchos los que son incapaces de verlo. Criticamos a una marca por abrir un outlet pero no tenemos el más mínimo reparo en llenar nuestra tienda de descuentos. Rajamos de Internet pero no hemos sido capaces de analizar, ni un segundo, si podríamos sacar partido de esta herramienta. Y a Decathlon lo hemos dejado llegar donde ha llegado porque en su día fuimos incapaces de pensar más allá de un presente que nos iba más o menos bien.

Todo es culpa de los demás. Y por desgracia, hay demasiada gente que se siente más cómoda abonada a la queja refunfuñante y a la resignación que intentando buscar alternativas. Creo que muchos de nosotros deberíamos preocuparnos menos de la competencia y más de lo que podemos hacer para responder mejor a las exigencias de quienes, al fin y al cabo, dan sentido –y rentabilidad- a nuestros negocios. Jugamos en un campo lleno de competidores, es cierto, pero ya va siendo hora de que nos grabemos a fuego que hay perfiles de consumidor más que suficientes como para que todo el mundo encuentre su camino. Siempre y cuando, está claro, se quiera caminar. Avanzamos hacia un modelo eminentemente multicanal, es cierto, pero no estaría de más que muchos entendieran que en ese “multi” no solo está el online.
 

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