• Opinión
  • 12 de Dic, 2016

Actitud. La opinión de Raul Bernat

Alguien me dijo, no hace mucho, que la única diferencia entre el dolor y el sufrimiento es la actitud. Una gran verdad. La actitud, al final, determina cómo afrontamos cada situación en nuestras vidas. Cada revés y cada nueva oportunidad. La actitud determina el miedo y el atrevimiento; la tristeza y la alegría; el presente y el futuro. Determina de dónde venimos y, sobre todo, hacia dónde vamos. Y por suerte, la actitud del sector ha cambiado bastante en estos últimos años.

Hace unos años, cuando la palabra crisis empezó a estar en boca de todos, el sector empezó a dudar. Aparecieron los fantasmas de crisis pasadas y muchos ya se veían cerrando la persiana. Poco a poco fuimos viendo, con sorpresa, que, como si tuviésemos la puerta pintada en sangre de cordero, la crisis, pasaba de largo. Evidentemente arrastró a más de uno, pero supimos, incluso, buscarle la parte positiva. Y aprovechar sus debilidades y sus consecuencias. Tardamos un mundo en darnos cuenta. Caímos en la trampa de pasarnos meses lamentándonos. Muchos se auto inmolaron con estrategias que primaban el corto plazo. Pero poco a poco cambió la actitud. Muchos se dieron cuenta de que incluso en el peor de los escenarios había oportunidades. Y que esta crisis ofrecía muchas. Que la situación era mala, en parte, porque así queríamos verla. Quizás porque era más fácil justificar unos malos resultados. El contexto siempre es un buen culpable cuando uno no sabe ni quiere tomar decisiones atrevidas.

Ahora, recién estrenado el 2015, el ambiente parece muy distinto. La crisis sigue aquí, seguramente más débil, pero el sector es bastante más optimista. Actitud. Solo es eso.

Como sector debemos ser más valientes. Más proactivos. Y creo que hemos pasado bastantes baches como para haber perdido el miedo a intentarlo. En la vida, y en el trabajo, muchas veces nos da miedo dar un paso porque creemos que las cosas serán difíciles, pero en realidad, son difíciles simplemente porque no nos atrevemos a intentarlo. No siempre querer es poder. Pero sin intentarlo no se consigue nada. Solo lamentos. Solo culpar a los demás. Antes de ayer era Decathlon, ayer Internet, hoy la crisis y mañana serán los videojuegos. Y la realidad es que ayer, hoy y mañana siempre deberemos competir con todos ellos. Y eso, lejos de amedrentarnos, debe ser una motivación. Nadie gana sin luchar. Y perder una batalla no implica, nunca, perder la guerra. Y lo que tenga que venir, que venga. Nos defenderemos. Y si hace falta, atacaremos. Al fin y al cabo, lo importante no es lo que nos pueda ocurrir, sino como pensamos afrontarlo. Y si lo hacemos con la actitud correcta, la competencia o el contexto solo serán parte del terreno de juego. 

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