• Actualidad Nacional
  • 27 de Mar, 2011

El comercio de Barcelona resiste y solo pierde el 5% de las tiendas en 2 años

Tras más de dos años de visible agitación comercial en Barcelona, en forma de cientos de tiendas que se cierran bajo la estocada de la crisis y de otras muchas aperturas en busca precisamente de una nueva oportunidad, la llegada de un macroespacio como Arenas Barcelona ha generado una descomunal expectación ciudadana. Y es que, novedad aparte, el recinto lúdico y comercial devuelve la ilusión -o espejismo- del consumismo, del empuje económico en la ciudad. También reabre la caja de los truenos. ¿Devorará al comercio de barrio? No. Así lo sostienen tanto las administraciones como los comerciantes, y así lo deja entrever un dato relevante: pese a la aparente ola de cierres, se calcula que la capital catalana ha perdido solo en torno a un 5% de negocios en los últimos dos años.

 Para ser más exactos, tiene un 2,4% menos de tiendas minoristas, y un 9,4% menos de mayoristas, según los datos de la Seguridad Social que maneja el ayuntamiento. Un balance más positivo que el que dibujan los carteles de «se traspasa» tan visibles en muchos establecimientos de barrio. La Fundació Barcelona Comerç, que aglutina a los 17 ejes comerciales (ver gráfico) estructurados de forma profesional (con gerencia y plan de dinamización) también hace un diagnóstico, con sus propios datos, un descenso aproximado del 5% de comercios.

MUCHO RELEVO / Pero, ojo, la cifra no significa que el sector tenga una enorme resistencia a la crisis. De hecho, son muchos los pequeños empresarios que se ven obligados a bajar la persiana. «Se cierran tiendas, pero muchas se vuelven a abrir rápido», apunta Joan Mateu, presidente de la fundación. Es decir, hay muchos fracasos empresariales fruto de la caída del consumo, pero el comercio sigue siendo una vía abierta para muchas personas que se han quedado sin una nómina, o bien para emprendedores vocacionales. En resumidas cuentas, el comercio barcelonés sigue manteniendo la espada en alto, y no pierde apenas volumen. Según los últimos datos de la Seguridad Social (y a falta del censo comercial que prepara el ayuntamiento), el sector da empleo a 150.000 personas en la ciudad y representa un 11,5% del PIB local.

Ni la aparición de Las Arenas, ni la buena marcha de los centros comerciales (ver página 6) se percibe como una amenaza. Los comerciantes de Sants y Creu Coberta confían en ejercer conjuntamente de polo de atracción para las compras. Mateu agrega que, en su justa medida y «si funcionan bien», los centros comerciales como Las Arenas «generan beneficios en su entorno». Eso sí, siempre que se integren en el contexto urbano, y no se lleven a las afueras.

El concejal de Comercio, Roger Pallarols, afirma que «la experiencia demuestra que los grandes recintos comerciales urbanos revitalizan la zona y le dan atractivo», generando oferta potente y complementaria. Aunque en el caso de Sants, admite que es importante renovar el tramo final de Creu Coberta (vinculado a una afectación urbanística) para favorecer el trasvase de paseantes y compradores. El propio presidente de Metrovacesa, propietaria de Arenas Barcelona, Vitalino Nafría, apunta que el macroespacio quiere ser «punto neurálgico de la ciudad y motor comercial de Creu Coberta y una amplia zona del Eixample».

Lo que ni el imparable avance de las franquicias y las multinacionales (con tiendas clónicas en todos los centros) altera es la esencia del sector en Barcelona, basado en la pequeña empresa familiar. En la ciudad hay dadas de alta 10.748 empresas comerciales, la mayoría de las cuales representan un solo establecimiento.

FÓRMULA MIXTA / Proteger esta fórmula mixta de lo autóctono y lo global es prioritario para mantener la identidad comercial de Barcelona, opinan todas las partes. Y en este sentido, los ejes (al aunar al menos a un centenar de tiendas) son mucho más fuertes y menos vulnerables que el comercio de barrio más aislado. Por eso, el ayuntamiento destinará este año 700.000 euros a subvencionar al sector, tanto con ayudas para nuevos negocios, como potenciando el asociacionismo, que posibilita promoción conjunta y refuerza a sus integrantes ante la crisis.

Por cada nuevo socio el consistorio pagará otro tanto de la cuota mensual que este abone a la entidad. Y sufragará hasta el 50% del coste social de los trabajadores de los ejes, hasta un máximo de 10.000 euros anuales. «Para hacer proyectos y aumentar la competitividad las asociaciones han de estar profesionalizadas», sentencia Pallarols.

Más dispar es el debate local sobre un posible cambio de horarios. El pequeño comercio se niega a abrir más festivos, y el ayuntamiento admite que «no se puede huir del debate» y hay que oír a todas las partes, grandes y pequeños. Y sobre todo, enfatiza que no todas las zonas necesitan un mismo tratamiento.

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