• Actualidad Nacional
  • 12 de Jul, 2010

España, Campeona del Mundo

La Selección Española de fútbol se proclamó ayer, en un partido muy disputado –y duro-, Campeona del Mundo. Un golazo de Iniesta a cuatro minutos para el final de la prorroga dio la victoria –merecida- a los de Del Bosque, que desde su derrota con Suiza en el primer partido de la primera fase han ido de menos a más hasta coronarse vencedores del Mundial de Sudáfrica con un dominio aplastante sobre sus rivales.
 
Tras sufrir durante largos 80 años de Copas del Mundo, la selección española también lo hizo durante desgastantes y pesados 116 minutos de una final tortuosa en la que sus intenciones de jugar a la pelota se toparon con dos de los peores enemigos del deporte y del espectáculo, la violencia de un rival más ávido de pelea que de competencia y la incapacidad de un árbitro timorato y displicente. Esa combinación arrastró al último partido del Mundial Sudáfrica 2010 a terrenos inhóspitos para una selección que defiende un estilo que es algo así como la olvidada esencia del juego: querer y tener la pelota, siempre con el único afán de irla acercando a la portería contraria.

Tras un 0-0 plagado de nervios en el tiempo extra, un gol de Andrés Iniesta acabó premiando al único equipo que pretendió ganar la final, porque esta Holanda parecía preocupada sólo por no perderla. Salvo alguna escapada del siempre peligroso Arjen Robben, que falló ante Casillas un claro mano a mano que hubiera podido significar el 1-0, en realidad los de naranja jugaron muy poco y atacaron sólo a regañadientes.

El trabajo del árbitro Howard Webb fue muy penoso. Pese a haber sacado alegremente la tarjeta amarilla, como nunca antes fue necesario en una final de Copa del Mundo, en realidad con esa abundancia de preventivas pretendió esconder una brutal falta de rigor para valorar el juego ríspido y ocasionalmente violento de una Holanda que golpeó más de lo que jugó. El cuadro naranja debió haber terminado el juego con más bajas por disciplina, pues sus dos contenciones Van Bommel y De Jong hicieron más de lo necesario para haber sido expulsados mucho antes de que el juego de prolongara con el tiempo extra.

El primero se excedió en el número y la intensidad de las faltas a lo largo de toda la noche y sólo fue sancionado con una amarilla, mismo irrisorio castigo con el que Webb calificó una salvaje y escalofriante patada de De Jong, en pleno pecho y con los tachones por delante, a Xabi Alonso.

Por eso, la decisión del árbitro de expulsar a John Heitinga y dejar en desventaja numérica a Holanda, hasta los 109’ de juego, lucía bastante tardía, aunque efectivamente la ausencia del central acabó siendo determinante.

Tras su marcha, por la zona que acostumbraba vigilar, apareció un fresco Cecs Fábregas para controlar un rebote y tocar con gran inteligencia a la llegada de Andrés Iniesta que ante la presencia de Stekelenburg definió con un disparo que se clavó adentro del arco holandés, en centro de la historia de las Copas del Mundo, y en el interior del alma de millones de orgullosos españoles.

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