• Opinión
  • 19 de Jul, 2006

¿Queremos el modelo francés? (por Andres de la Dehesa)

Estamos cansados de escuchar en boca de los principales responsables de las marcas que Decathlon no les compra en España ni un clavel, porque compra todo en sus filiales francesas. Llevamos ya unos cuantos años oyendo la difícil situación del mercado galo, por su impresionante concentración de demanda: en manos de cuatro interlocutores detallistas se encuentra más del 70% de la demanda del canal, y obviamente si no estás ahí, sólo te queda la luchar por el 30% restante junto cientos de proveedores.
Quizás ha llegado la hora de ir a la conquista de los mil empresarios detallistas especializados -que podrían representar alrededor de unos tres mil puntos de venta a nivel estatal-, y empezar a trabajar codo con codo de otra forma, implementado modelos de gestión que permitan compartir tanto éxitos como riesgos.
En Alemania e Inglaterra se ha conseguido, y cuando preguntamos por qué, la respuesta coincide en la mayoría de los casos: "es que allí el comercio es muchísimo más profesional y está infinitamente más unido en la defensa de los intereses comunes".
Ahora cabe preguntarse qué podemos hacer entre todos para que nuestro nivel de profesionalidad se incremente lo más rápidamente posible. Nos quedan tan sólo tres años y medio para finalizar la primera década de este siglo, y seguimos como estábamos al entrar en él.
Las ciudades medias ya están en el punto de mira de la cadena gala, su estrategia es de todos conocida; sin embargo, se han expuesto claramente en la prensa técnica del sector ejemplos de detallistas que han competido y compiten frente a ellos con éxito.
Recuerdo, con nostalgia, cuando se admiraba desde fuera de nuestras fronteras la armoniosa coexistencia entre nuestro líder nacional, El Corte Inglés, y todo el tejido de detallistas especializados que luchaban por ubicar sus establecimientos en los aledaños del Gran Almacén.
De fuera vendrán y de casa nos echarán, a no ser que nos unamos, evidentemente en aquellos aspectos en los que nos podemos unir, para compartir y competir con las amenazas colectivas.
Como ya he expresado reiteradamente desde esta columna, la tecnología es uno de esos aspectos y quizás el que más rápidamente pueda ayudarnos.

Andrés de la Dehesa

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